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31 octobre Charlas otoñalesEsta tarde iba conduciendo camino del laboratorio, con las luces de cruce puestas y el limpiaparabrisas funcionando bajo la lluvia (otoño frío y lluvioso). Entrando en el Campus el móvil pitó: un sms... Tardé un par de minutos en llegar al laboratorio... y en encontrar (oh, milagro) un par de lugares libres. Así que aparqué y me dispuse a leer el mensajito. Era Ella, que por fin había podido leer la larga carta que le había enviado días atrás. Había en dicha carta muchas explicaciones y muchos razonamientos, además de alguna malinterpretación, por lo cual lo mejor era que habláramos un rato y nos entendiéramos mejor que por escrito. Ella iba en el Metro y me avisó de que cuando saliera a la superficie me llamaría. Y yo me quedé esperando en el coche mientras caían varios aguaceros y el habitáculo se iba enfriando a una velocidad alarmante. Pero bueno, no quería entrar en el laboratorio y tener que hablar con Ella delante del jefe, claro. Pasaron unos diez minutos y sonó el móvil...
Estuvimos charlando unos veinte minutos. Los escasos malentendidos fueron aclarados, y la conversación me resultó realmente agradable. Después de cerca de año y medio, creo que por fin Ella está retomando el buen camino. Y, por tanto, empiezo a pensar que voy a poder sentirme nuevamente orgulloso por Ella. Que no es poco...
la buena vida nos espera en diciembre... eso, como mínimo... 29 octobre Frío y oscuridad...Afuera estamos a 4 grados centígrados... en el dormitorio, a escasos 15... el sábado pasado puse el nórdico en la cama... el domingo cambiaron al horario de invierno, una hora menos de día para los no madrugadores... la manga corta queda olvidada hasta dentro de unos meses... mañana activaré la calefacción en la caldera...
EMPIEZA LO PEOR DEL AÑO... esperemos llevarlo lo mejor posible... soñemos con los días largos de la primavera y el verano de 2009... 26 octobre Una noche con Christina...... es una noche que merece la pena... Aunque Nacho Vegas no se despegue de su lado ni un segundo... vaya marcaje individual...
Prácticamente lleno en la Capitol para el concierto de Nacho Vegas y Christina Rosenvinge. Supongo que una mayoría del público son más fans de él que de ella, cosas de la edad. Faltaba el gran Charlie Bautista, pero el espectáculo no desmereció en absoluto. Yo llegué pronto, cuando en el interior habría escasamente 20 personas, y aproveché para colocarme en la zona más adecuada: hacia la derecha, al lado del teclado (y de Christina, por tanto... Nacho es más feo, la verdad). Como siempre, los múltiples carteles de "prohibido fumar" solo cumplieron su misión coercitiva hasta que dos o tres "valientes" comenzaron con el vicio, y ya todos los fumadores sintieron que la veda se había levantado... Algún día tendremos una ley anti-tabaco de verdad en este santo país... o eso espero...
A las once y cuarto salieron los artistas al escenario. Nacho tan sobrio como siempre, aunque más gordete de cara y con mejor (o menos malo) aspecto que años atrás. En cuanto a Christina... simplemente espectacular. Esta mujer cada año está más increíble. Y con esa minifalda y esas botas altas... y al sentarse a tocar el teclado aún se le veía más... menos mal que yo soy fan de su música... En fin, que sí, que es guapísima... pero era un concierto, y me creáis o no, Christina me fascina por su música... en serio, creedme...
Christina sentada en el teclado... ayyyy
El repertorio fue el habitual. Al menos fue el mismo que en Coruña en el pasado marzo. Comenzaron con mi favorita del disco conjunto, la preciosa "Ayer Te Vi". Tengo que pasarme por el Metro de Noviciado un día de estos... "Humo" y la nueva de Nacho, "Días Extraños". Y seguidamente mi obsesión de la última semana: el single de adelanto del nuevo disco de Christina, "La Distancia Adecuada". Alucinante escucharla (y verla) a escasos dos metros de distancia de ella...
Dos más del disco conjunto ("Que Nos Parta Un Rayo" y "No Pierdes lo que Das"), y uno de los momentos importantes para el público en general: la siempre esperada "Canción de Palacio" de Nacho. La siguiente fue uno de los momentos importantes para mí en particular: "Submission", de Christina... la única canción de Christina que Ella reconocía que le gustaba... "use, use me, make something pretty of me..." Ay, cuánta nostalgia...
"Me He Perdido", también muy aplaudida, dio paso a otra de las joyas de Christina, "Tok Tok". Esta canción es bestial en directo. La mítica "La Plaza de la Soledá", de Nacho, precedió al clímax de la noche: la maravillosa introducción de Christina con el teclado, con ese "shalalala" que inicia "El hombre que casi conoció a Michi Panero"... y, con el público entregado, el single del disco conjunto, la potente "Verano Fatal". Retirada a camerinos durante un par de minutos y vuelta de los dos genios para el fin de fiesta...
La feliz pareja en acción
Christina anunció lo ya sabido: que este era el último concierto de Nacho Vegas & Christina Rosenvinge... por ahora... y, como estaban por ello un poco tristes, qué mejor que cantar de manera íntima (guitarra de Nacho y voz de Christina) el tema final de su disco, "No Lloro Por Ti". El público cantaba con Christina, y hubo momentos de mucha complicidad (siempre difícil con estos dos, que tienen esa apariencia de distantes). Lo más coreado fue el beso que ella le dio al terminar la canción... Si es que todos tenemos un poco de cotillas... Finalmente, un tema muy movido pero al que yo no he acbado de pillarle el truco, "Anoche", que supongo saldrá en el muy esperado (por mí, al menos) disco de la Rosenvinge dentro de diez días...
Hora y cuarto que se hizo un poco corta, pero es lo que tiene este tipo de reuniones: quince temas (los siete del disco conjunto, cuatro de Nacho y cuatro de Christina). Me hice con el setlist "histórico" (por ser el último concierto de la gira, vamos), y me quedé esperando una hora larga para saludar a Christina (a Nacho no tanto, claro). Pero claro, con el asturiano al lado, resulta difícil entablar algún tipo de conversación no forzada... si es que no se sueltan ni un segundo... Allá los dejé, caminando por la Fonte de Santo Antonio en busca de algún bar para tomar algo...
...y el setlist de la noche...
Tres horas y media de pie hacen que mi "día después" me lo deba de tomar con calma, así que este sábado me limité a salir con el coche y ver el mar desde la ventanilla. Un día radiante, por cierto... Lo malo es que con el cambio de hora y mis hábitos de no-madrugar se me han acabado las tardes largas por unos meses... Paciencia, pasaremos esta época lo mejor que podamos...
Willy (mi amigo barcelonés, ya sabéis) me ha dicho que en diciembre los Carrots van a tocar en el Purple Weekend de León... creo que no voy a poder decir que no... una semana más tarde me iré con La Buena Vida a Madrid y Barcelona... Pero en noviembre tengo marcado un fin de semana en San Sebastián... el anterior al concierto de presentación del disco de Christina en Madrid... me conozco... soy muy capaz de hacer todos esos viajes... tengo que empezar a preparar excusas convincentes para mi padre...
22 octobre Enamorado de ella (una vez más)Este próximo viernes hay un concierto en Santiago de los que uno no se puede perder: nada menos que Nacho Vegas y, sobre todo, doña Christina Rosenvinge. Ya los vimos (Ella y yo) en Coruña en marzo, en el Teatro Colón. Fue aquella una noche muy extraña: nuestro último concierto juntos como pareja, sabiendo que era el último y que Ella se iba a ir en cosa de unas semanas. Cuando empezó a sonar Ayer Te Vi, Ella se arrimó a mí para que la abrazara, y yo hice lo contrario de lo que en verdad deseaba: la aparté con el brazo, como si no me muriera por abrazarla. Debí de actuar muy bien, porque Ella me creyó. Empezó a llorar en silencio, mientras yo me hacía el duro aunque me deshacía por dentro (en los ojos ya no me quedaban lágrimas en aquellos tiempos). Quizás pensé que si la abrazaba no iba a querer soltarla más, y por eso no quise hacerlo...
Los que me conocen saben bien lo que significa para mí Christina Rosenvinge. Lo más de lo más. Me gustaba ya a finales de los 80 con aquellas cassettes de Álex & Christina, y todo lo que ha hecho desde entonces me ha fascinado, sin excepción: los dos discos de Christina y los Subterráneos, el magistral Cerrado de 1997, el directo de Flores Raras y la trilogía neoyorkina (Frozen Pool, Foreign Land y Continental 62). Y, cómo no, en el Verano Fatal de 2007 con Nacho Vegas (al que se llevó a su terreno por completo... cualquiera se resiste a la señorita). Su música me ha acompañado durante veinte años, que se dice pronto. Y por supuesto que es guapísima (más aún al natural, por cierto), pero en mi caso eso no tiene nada que ver con mi admiración. De verdad lo digo (aunque nadie lo crea). Ella no se lo creía del todo, tampoco...
Cuando Ella me conoció, yo tenía en mi fondo de escritorio una especie de collage fotográfico de la Rosenvinge, con fotos de los conciertos en que la había visto. Aquello fue demasiado para el sentido de posesión de Ella: le puso la cruz y le cogió un odio tan irracional como poderoso. A Ella le encantaba una canción de la Rosenvinge, la fantástica Submission, pero aún así su música estaba vedada en el piso barcelonés y, sobre todo, en mi coche. Si yo quería provocar una buena discusión, no tenía nada más que hacer que poner mi disco recopilatorio casero de la Rosenvinge en el cargador, y al cabo de diez segundos el enfado estaba garantizado. Como ironía final del destino, aquel concierto último nuestro en Coruña significó el de la "rendición" de Ella ante el genio de Christina. Recuerdo que hasta fue capaz de decir: "Es muy estilosa". Y ya estando en Madrid, Ella se compró... ¡UN DISCO DE LA ROSENVINGE!!! A buenas horas, mangas verdes...
Hace ahora cinco años que vi por primera vez a la Rosenvinge en vivo. Fue en un concierto de las fiestas de San Froilán, en Lugo, y ver a uno de mis ídolos después de tantos años de espera fue algo grandioso. Al día siguiente tocaba en Vigo, en la mítica La Iguana Club, y aquella noche fue espectacular. Allí me encontré a otro fan santiagués, de esos que superan todos los límites de la adoración (había aprendido danés por ella). Eran los tiempos de Foreign Land, y en el concierto todo salió tan bien que hasta nos regaló un par de temas del que iba a ser su próximo disco. Todo aquello ocurrió conmigo a escaso medio metro de ella: quien haya estado en La Iguana ya sabe que el escenario no está separado del público. A la salida esperamos por ella casi una hora, pero acabamos charlando un buen rato con la señorita Rosenvinge y resultó que no era para nada esa diva inaccesible que muchos creen. La foto es de aquella noche viguesa (y sí, ella me está agarrando por la cintura...).
Christina y yo en Vigo, vaya noche (octubre 2003)
En 2007 volví a ver a la Rosenvinge en directo. Fue en el mes de febrero, en el teatro de A Estrada. Fue mágico, nuevamente. Ya llevaba consigo a su "mano derecha", el gran Charlie Bautista, y cuando se terminó el repertorio previsto acabó preguntando qué canciones queríamos que tocase. Ya aquel día tocó la que ahora sale como single, La Distancia Adecuada, y ya aquel día me quedé enganchado con esa melodía. Hablé un rato con ella para expresarle una vez más mi más rendida admiración (por llamarlo de alguna manera), y me llevé el setlist del concierto como trofeo gracias al colegueo con Charlie Bautista (solo es cuestión de echarle cara, nada más).
En A Estrada con Charlie Bautista (marzo 2007)
Un año después llegó el concierto coruñés de tan raro recuerdo para mí, aunque aún con todo recuerdo esa increíble Michi Panero que comienza ella a los teclados. En tres días lo volveré a disfrutar... en primera fila, sin duda...
El próximo disco de Christina sale a primeros de noviembre. Esta tarde me puse a buscar información sobre el tema y me encontré con esto. Maravilloso. Tres vídeos distintos, a cada cual mejor, y, por supuesto, la impaciencia por tener ese disco entre mis manos. Qué ganas... Aquí dejo, de oído, la preciosa letra de La Distancia Adecuada:
Nunca es para ti quizás
Yo no me equivocaba
La desazón se va a llevar
en esta temporada
Tal vez no debí dejar
que jugaras con mi falda
Qué difícil es guardar
la distancia adecuada
Esa señorita que rima conmigo
que te ronda siempre alrededor
es tu favorita, te lleva consigo
y te gusta más que mi canción
Tu llave está en la recepción
Ya es de madrugada
Pongo la televisión
Espero tu llamada
La evidencia en gotas cae
por mi jersey de Prada
La lección que ya aprendí
siempre es olvidada
Esa señorita que rima conmigo
que te ronda siempre alrededor
es tu favorita y puede contigo
y te gusta más que mi canción
Esa señorita que rima conmigo
que te ronda siempre alrededor
es tu favorita, te lleva consigo
y te gusta más que mi canción
Me muero por estar
contigo al natural
Saber quién eres tú
Saber por dónde vas
Me muero por estar
contigo al natural
Saber quién eres tú
Saber por dónde vas
El viernes le diré cuánto me gusta esta canción... espero... ten cuidado, Nachete... 17 octobre Hace cuatro años (VII) (cuatro años y cuatro días, para ser exactos)Tenía tanto que escribir sobre la aventura del pasado fin de semana que no quería solapar entradas. Así que, con cuatro (bueno, por la hora, ya cinco) días de retraso, hoy toca escribir sobre mi 12 de octubre de 2004:
Habían pasado ya algunas cosas entre nosotros: el primer encuentro en el Contempopránea (Alburquerque a 42 grados a la sombra), la mágica semana en casa a finales de agosto y mi primera visita a Barcelona (iban a ser 8 días y fueron casi 20). Volví a casa finalmente, pero ya no podía estar sin Ella por mucho tiempo. Cualquier otro en mi lugar se lo habría tomado con calma, se habría conformado con algún encuentro mensual o como mucho quincenal, pero yo no: lo quería TODO y YA. Si había que irse a Barcelona, lo haría. Si había que regalarle a Ella una vida de sorpresas continuas se la daría. Lo que hiciera falta: la había encontrado y nada me iba a apartar de su lado.
Duré una semana escasa en casa antes de volver a mi ruta oeste-este por segunda vez. Muchos miedos e indecisiones habían desaparecido. Mi primera estancia en aquel minúsculo piso barcelonés, en medio de aquel agobiante calor septembrino, me había hecho bajar una o dos tallas de pantalón. Los primeros días nunca se olvidan. Ya desde Barcelona, acabábamos de hacer nuestro primer viaje de locos, a Pozuelo y Madrid. Ella ya no intentaba "conquistarme", y empezaba a mostrarse tal y como era, sin artificios, mientras que yo le seguía contando todos mis secretos que nadie más sabía con la naturalidad de quien sabe que tiene ante sí a la mujer de su vida.
Ella parecía tener un miedo irracional a cualquier tipo de compromiso, y mucho más a poner nombres a dichos compromisos. En eso no ha cambiado nada. Así, cada vez que yo le insinuaba la palabra "novios", Ella respondía con un discurso pretendidamente maduro que en realidad era justamente lo contrario: "Esa palabra no me gusta nada, no hay por qué etiquetar las cosas". Por el mismo motivo, le costaba conjugar el verbo "amar": siempre empleaba eufemismos, o me lo decía en catalán como si así le quitara trascendencia: "T'estimo, guuu". Como siempre, pensaba demasiado en cosas que no eran tan complicadas, y por contra no se paraba a reflexionar sobre lo que de verdad era importante. Pero, a pesar de toda esa indefinición "lexicológica", Ella, sin darse mucha cuenta, se estaba enamorando de mí hasta las trancas. Simplemente le costaba reconocerlo. Pero yo sabía que Ella y yo estábamos viviendo juntos de hecho, y que nos queríamos cada día más: qué menos que poder decir que éramos NOVIOS. Tampoco era para tanto, pensaba yo.
Aquel 12 de octubre, martes, Ella se quedó en Barcelona conmigo. No recuerdo la excusa que le puso a su padre para no ir a Tordera a comer, pero supongo que sería una de las dos típicas: "estoy cansada por el trabajo" o "tengo que estudiar unos apuntes". Para mí, en aquel momento, Tordera era "terreno cuasi vedado": su padre no podía saber de mi existencia bajo ningún concepto, y muchísimo menos que Ella y yo estuviéramos juntos. Por entonces, aquello no suponía todavía un gran problema para mí, aunque eso de andar a escondidas no me convencía demasiado. Pero bueno, lo que importaba era que teníamos por delante una tranquila jornada festiva para poder disfrutar juntos.
La mañana en la habitación fue como siempre en aquellas primeras semanas. Sudorosa. Yo odiaba aquella costumbre suya de poner música "para que no nos oigan los del piso". Al menos ya había podido bajar de internet algunas canciones "adecuadas", como "Je t'aime, moi non plus". En fin, que si "los del piso" oían ese clásico de Serge Gainsbourg ya se podían hacer una composición de lugar de lo que estaba ocurriendo en nuestro diminuto cubículo. Pero bueno, Ella se quedaba así más tranquila.
Después de hacer pereza durante horas, llegaba el momento en que acabábamos por salir de la habitación. La diferencia de temperatura al salir al pasillo era tremenda: de tanto tiempo allí encerrados creábamos una especie de "microclima" que no bajaba de los 30 grados centígrados. Pero en fin, llegado el momento también había que comer y salir a que nos diera un poco el aire. Así que comimos algo, nos duchamos, nos vestimos y salimos a dar una vuelta por la ciudad. Ella propuso ir hasta el Maremagnum, en el Port Vell. Hasta allí nos fuimos.
Aquello era un poco como todo: un enorme centro comercial, con restaurantes, cafeterías, cines y creo que una bolera. Ya iba atardeciendo cuando nos sentamos a tomar un helado en un Haagen Dazs. Había mucha gente, al ser un día festivo, pero encontramos la última mesa libre. Yo no he sido nunca muy de salir por ahí, pero mi padre, que había sido de la profesión, me había enseñado varias cosas básicas para ser "un buen cliente". Una de ellas era el dejar una propina adecuada, otra el ser amable con los camareros, y otra el procurar "ayudarles" en su trabajo. Todo aquello le parecía fascinante a Ella, así que al cabo de unos días, cuando yo pagaba la cuenta, Ella se encargaba de la propina, y viceversa.
Cuando Ella se sentaba a comer, o simplemente a tomar un café o un helado, uno debía de estar preparado para tardar todo el tiempo del mundo. Ella nunca tenía prisa por levantarse. Aquella tarde no fue una excepción: ya nos habíamos tomado nuestros helados y seguíamos sentados, charlando con toda la calma. La gente pasaba, veía todas las mesas ocupadas y se marchaba medio enfadada. Así que, mientras Ella me estaba contando alguna historia, yo le dije que era mejor que nos levantáramos porque había gente esperando... En mala hora se me ocurrió... Ella y sus enfados irracionales, aquellos que con el tiempo acabé por tomarme a broma porque siempre, al cabo de una media hora, acababan de la mejor manera posible. En fin, que por allí íbamos caminando, mientras Ella me decía de todo y ponía esa cara de mala uva que solo conocemos los que de verdad la queremos. Bajamos de la primera planta y nos quedamos al nivel del mar; mientras Ella seguía discutiendo y enfurruñándose cada vez más, sin dejarme ni hablar, nos quedamos un momento parados en medio de una especie de plazoleta con el suelo de madera. Ya estaba bien de tanta bronca por nada, me estaba enfadando ya con aquella tontería... Así que me volví hacia Ella, con cara de estar harto, la cogí por los brazos y, mientras Ella seguía discutiendo, levanté la voz y le dije "Jessie, escúchame de una vez..."
Ella me seguía mirando con su cara de mala leche, mientras que yo supe de repente que era EL MOMENTO. Así que empecé a sonreír y le dije, sin dudarlo, como si lo llevara preparado desde hacía tiempo: "Jessie, ¿quieres ser mi novia?" Ella se quedó sorprendida primero, después emocionada, y mientras me miraba con esos ojazos suyos medio "entelados" (que decía Ella), acertó a responderme: "Sí". Yo le hice una pregunta de lo más tonto: "Entonces, ¿desde ahora somos novios?" Y Ella me volvió a decir, toda emocionada y sonriéndome: "Sí". Y nos abrazamos. Y nos dimos el beso más suave y más largo del mundo, mientras la gente pasaba a nuestro alrededor. Allí, en medio de la plazoleta aquella del Port Vell, en la tarde del 12 de octubre de 2004, el mundo se paró. Lo paramos NOSOTROS. 14 octobre ... y el diluvio madrileño (mi fin de semana inolvidable - parte segunda)Tres horas escasas dormitando (más que durmiendo de verdad), con la ropa sucia de mi noche toledana... así que a las tres de la tarde, mientras enfilaba la autovía hacia Madrid, no podía imaginarme cómo iba a poder aguantar hasta la noche sin caer redondo. Y sonó el móvil. Era David (mi amigo madrileño), con el que había quedado hacia la media tarde para nuestra particular ruta mitómana. Con todo el descaro por mi parte, le pregunté si podía ir hasta su casa para ducharme y cambiarme, y así fue como tomé rumbo a la calle de Pescara, en Moratalaz. Allí me esperaban David, su esposa Asun y sus preciosos niños (cuánta envidia me dais, amigos). La ducha fue verdaderamente reparadora, y la charla con Asun y David gratificante. Hay ocasiones en las que te sientes tan a gusto con alguien como si fueseis amigos de toda la vida, y es algo que me ocurre con David y su fabulosa familia. Tras un rato de tranquilidad, David y yo nos lanzamos a por nuestra friki-ruta buenavidera. Justo al acabar de salir me llamó Ella. Quedamos para la noche, cuando terminara de trabajar. Muchas precauciones entre ambos, sin querer decir una palabra de más. Es lo malo de tener un pasado, que a veces no te deja ver el presente ni el futuro con nitidez. En fin, David y yo teníamos una misión por cumplir... Primera parada: Metro Pacífico. Segunda parada: Restaurante Soidemersol, en Lavapiés. Mientras estábamos allí haciendo unas fotos, me suena el móvil. "¿Será Ella de nuevo?", pensé. Pero no... Era, por una imposible casualidad, mi amigo donostiarra... sí, el que toca en el grupo que había hecho aquel discazo en 1997 titulado como el restaurante al que estábamos haciendo fotos. Increíble, se le había ocurrido llamarme justamente en aquel momento. Estaba muy contento por todo lo que andan grabando, me contó muchos planes para las próximas semanas y nos dejó a David y a mí con una tonta sonrisa de oreja a oreja. Aproveché para fotografiar el portal de la calle Salitre número 48, que ya es casualidad que esté a escasos 10 metros de distancia del Soidemersol. Tras dejar atrás el barrio de Lavapiés, pensé en darle un toque de nostalgia a la tarde. Nos fuimos hasta la calle Arturo Soria, en donde vivió mi familia materna hasta el 89. Aquellos viajes veraniegos a Madrid, de pequeño, ir en el Talgo anotando los túneles y las estaciones, estar con mis primos y sus juguetes, los viajes en el Metro, los museos madrileños... La verdad es que fue impactante descubrir que el número 162 seguía casi exactamente igual a como lo recordaba. Incluída la cafetería que sigue llevando el nombre de mi prima Patricia. Creo que David entendió muy bien la enorme emoción que yo sentía en aquel momento, y sé que se alegró mucho por ser "partícipe" de este viaje mío a veinte años atrás.
Dejé a David de vuelta en su casa y comencé mi viaje al culo-del-mundo, el Islazul de Carabanchel. Mi tarjeta de minusválido me permitió aparcar en el mejor sitio posible, y solo tuve que subir hasta la segunda planta y caminar unos metros hasta el Sephora Islazul que tanto odio... Al cabo de todos estos meses aquí estaba yo, en el lugar en el que "nunca iba a estar". Nunca digas nunca jamás... Allí estaba Ella, atendiendo a una clienta. Un mes después de Zaragoza, sigue demasiado delgada, y ya ha perdido el color del verano playero. Pero bueno, Ella lo sabe, aunque no lo quiera reconocer. Y yo no estaba allí para reproches ni discusiones. Estaba para disfrutar una noche con Ella, sin nadie más en la cabeza, por primera vez en año y medio. No parecerá un objetivo muy ambicioso, pero me conformaba con eso. No hizo falta más que una ligerísima pista para que Ella adivinara que íbamos a cenar en "nuestra" Gamboteca de Pozuelo. Con ver su amplia sonrisa (aquella que casi no recordaba) supe que había acertado: la noche iba a ser muy buena, no podía ser de otra forma. Pero en fin, quedaban dos horas para que Ella saliese, así que me entretuve comiendo un helado (una bola de vainilla y otra de coco, buena elección) y hojeando libros en la Casa del Libro. Estuve a punto de comprar uno de Eça de Queirós para regalárselo a Ella, pero no me atreví. Ya eran las diez de la noche y me quedé sentado y esperando al lado de las escaleras mecánicas. Allí estaba Ella, preparada para nuestra noche madrileña. Llevaba los zapatos marrones que yo le había regalado en Santiago un año antes, y no pude evitar fijarme en que se había puesto el anillo que yo le había regalado hacía años en una tienda de la santiaguesa plaza de Fonseca. Sí, el mismo que en Zaragoza no llevaba... esta vez se lo había puesto... PARA MÍ... Veinte minutos de coche y allí estábamos, en las tranquilas calles de Pozuelo, recordando cada momento de nuestra estancia cuatro años atrás. Allí estaba La Gamboteca. El menú habitual: gambas (a la plancha) y carne a la piedra (que pasa uno mismo en la mesa). Como dice el dueño, "aquí la carne siempre sale al punto de cada cliente"... No le falta razón. Ella se moría de hambre, y yo me moría por Ella. Los dos cenando en una mesa acogedora, charlando, comiendo y riendo. Cuánto lo echaba de menos... La velada continuó siendo mágica. No discutimos, no hubo reproches, no hubo malas caras. Ella me confirmó que ha apartado de su vida a quien no se la merece, y esta vez la creí. Cuando le pregunté "¿Tú sabes por qué esta noche estamos tan a gusto tú y yo, sin broncas ni malos rollos?", Ella me respondió, sin dudarlo ni un momento: "Sí, porque ahora somos solo dos". Tenía razón. Por fin éramos SOLO DOS. Llegaron los postres: ella pidió un flan y yo el postre típico: unas natillas con merengue tostado encima, "la Isla". Igual que cuatro años atrás. Brindamos con dos chupitos de Fra Angelico, como tantas veces habíamos hecho en el pasado, y empezamos a pensar en irnos... Pero ya he dicho antes que la noche era mágica... Un rayo... otro... y, de repente, el diluvio sobre Pozuelo. Todo empezó a ocurrir como en una película: cada vez nos íbamos acercando más, perdíamos el miedo al contacto entre nuestras manos, yo acariciaba su pelo y su rostro y Ella me sonreía... Acercó su silla a la mía y allí nos quedamos, semi-abrazados, mirándonos a los ojos, soniendo, sintiéndonos el uno al otro, mientras fuera caía una tromba de agua impresionante. Pasado un buen rato, nos dispusimos a aprovechar una tregua de la tormenta para llegar hasta el coche. Cruzando el río en que se había convertido la calle, Ella mojó sus zapatos y yo llené de agua mis deportivas de verano. Qué importaba. Estuvimos otra media hora larga metidos en el coche sin arrancar. El hotel, nuestro hotel de Pozuelo, estaba a escasos cien metros. Los dos queríamos, aunque Ella no se atrevía... Por un momento Ella perdió el miedo y pareció que realmente lo íbamos a hacer... pero aún era pronto para sus miedos, y yo la quiero demasiado como para forzar un placer de una noche a cambio de un futuro juntos (por lejano que este sea). Me bastó con abrazarla, besarla y tocarla, y sobre todo con sentir esa sonrisa suya que ya no recordaba, mitad alegría infantil y mitad picardía femenina. Ella me dijo: "Hoy es demasiado pronto, pero dentro de dos meses será Soidemersol, ten paciencia". Tendré paciencia... Quizá aún no tenemos presente, pero tenemos FUTURO... La vuelta a Madrid fue accidentada. La tromba de agua había anegado muchas calles y el trayecto estaba lleno de enormes charcos, así que había que andar con mucha percaución. Ella se quedó dormida hasta que llegamos a su calle, con su mano agarrada a la mía y mi chaqueta abrigando sus piernas. Paré el coche, nos abrazamos con fuerza, nos besamos con dulzura y Ella se volvió a dormir en mi hombro, mientras yo la acariciaba y besaba su pelo y su frente. Era MI NIÑA, que se dormía plácidamente en mis brazos, sin temor a nada porque yo la protegía del mundo. De nuevo... Nos besamos de nuevo y Ella se fue hasta su piso. Me hubiera gustado quedarme con Ella, pero no era el momento. Le pregunté: "¿No me has mentido en todo lo que me has dicho hoy, ya no estás con el tío ese, verdad?" Ella me respondió: "Te aseguro que no, Ricardo. Créeme". Y yo la creo. Me quedaba por delante un viaje de seiscientos kilómetros, en plena madrugada, agotado y muerto de sueño. La salida de Madrid daba miedo, con los túneles de la M-30 inundados y cerrados, pero a partir de Villalba la lluvia cesó y únicamente tuve que preocuparme por llenar el depósito de gasolina, vaciar mi "depósito" propio en un cuarto de baño y hacerme unos cuantos kilómetros más hasta encontrar un área de descanso tranquila para echar una cabezada.
El viaje desde su casa a la mía duró nada menos que once horas y media. Tuve que parar a dormir tres veces, y aún así me hice la mayor parte del recorrido con los ojos medio cerrados. Llegué a casa a las tres de la tarde, agotado por completo... y, en vez de tirarme en la cama, quise complacer a mi padre y me fui con él a ver el partido de fútbol del Cacheiras (2-2 en el campo del Vea, primer tropiezo de la temporada). Aquí hacía un tiempo veraniego, soleado y sin una nube. El mundo al revés... Entre unas cosas y otras no me fui a cama hasta las cinco de la madrugada... y no me levanté hasta las tres y media de la tarde...
HACÍA TIEMPO QUE NO ME SENTÍA TAN CONTENTO La noche toledana (mi fin de semana inolvidable - parte primera)Salí de Cacheiras el viernes a la una y cuarto de la tarde, y regresé el domingo a las tres de la tarde... 50 horas, minuto arriba, minuto abajo... pero tanto que contar...
De Cacheiras a Toledo: viaje sin contratiempos, con John, Paul, George, Ringo y yo cantando canciones de hace más de cuarenta años. El TomTom me llevó por la mejor ruta posible, a pesar de mis temores sobre las salidas de fin de semana desde la capital. Solo tenía un problema: no sabía dónde iba a dormir esa noche. En realidad, suponía que en el coche, para variar. Ella no se atrevía a dejarme ni siquiera el sofá de su piso, lo cual me pareció bastante mal. Pero bueno, ya nos acercábamos a la increíble Toledo. Hacia las ocho de la tarde (allí, noche) estaba frente al Alcázar. Tras subir esas cuestas empinadas, llegué a la plaza de Zocodover y seguí hasta el parking del Alcázar. Ocho y cuarto. Comenzaba mi aventura toledana.
Buena idea llevarme el TomTom para guiarme por las callejuelas toledanas camino de la Taberna El Gallo. Después de alguna vuelta más de las necesarias pude llegar al lugar del crimen, poco antes que el protagonista de la noche. Mi móvil se empeñaba en poner un toque surrealista a la noche: llamaba, oía lo que me decían pero a mí no me podían oír; así fue que me costó trabajo cumplir con mi papel de hijo perfecto y llamar a casa para decir que había llegado bien. Finalmente, se arregló el problema mediante el procedimiento usual: lo apagué y lo encendí, y ya pude hacer oír mi voz de nuevo. El ensayo de Willy, conmigo como espectador, ya me hizo ver que la noche iba a ser mágica. Aunque el primer contacto con el equipo del local fue desalentador, por decirlo suavemente. Pero poco a poco se fue consiguiendo regular el sonido, y Willy empezó a probar. Con escuchar la intro de Piedras y Guisantes estaba claro que el GENIO estaba en plena forma. Y yo como un niño con zapatos nuevos. Hice amistad con los del local, con Carlos, Iván (el "pakistaní" del Prat), Juan (que venía de Camboya y se iba a Uruguay) y finalmente con nuestra compañera de la madrugada, la sin par Rebeca. Por cierto, que hasta tuve que "ayudar" con el sonido, diciendo unos certeros "ei, ei, hola, hola" para ajustar el volumen del micro... Chico para todo... Poco a poco fue llegando la gente al concierto, y después de un pequeño tentempié en la taberna Txoko (un par de pinchos de tortilla, vamos) comenzó el gran concierto de Willy-Pigmy. MARAVILLOSO. Sonaron las diez canciones de Miniaturas, una "cara b" oculta inspirada por nuestra compañera de madrugada y una del próximo disco, la preciosa "Si". Además, una gran versión del Feelin' Groovy de sus (y mis) admirados Simon & Garfunkel, y otra barbaridad de adaptación del Ull per Ull de Adrià Puntí. Tuve tiempo de aplaudir como un loco, de cantar a vivia voz, de hacer bonitas (más o menos) fotos e, incluso, de ejercer de "apuntador oficial" del bueno de Willy en un par de ocasiones (su memoria de pez, ya se sabe...). Y Willy me dedicó con la mirada (como tiene que ser) nada menos que Todos Felices. Él sabía muy bien el por qué. En primera fila, Jero de los Sunday Drivers, disfrutando como un admirador más. Hora y media de auténtico placer para los sentidos (y no exagero nada, Willy es muy grande de verdad). Comenzaba la verdadera noche toledana... Willy se fue durante un largo tiempo a devolver un transformador que le habían dejado (el suyo se lo había dejado en El Prat, la memoria de pez de nuevo). Charla animada con Juan e Iván (que me ofreció su piso de Madrid para pasar la noche, un gran detalle). Como siempre me ocurre, mi forma extraña de vivir la noche, sin beber ni una gota de alcohol, me permitía observar cómo la gente a mi alrededor se iba poniendo tibia minuto a minuto. Y yo en medio, como un antropólogo observador que estudia el comportamiento de los especímenes nocturnos. Un clásico en mí. Volvió Willy, nos hicimos unas fotos, hablamos de mil cosas y nos fuimos a eso de las tres a continuar la noche en otro lugar. Cuesta abajo, cuesta arriba de nuevo, unos se iban a un sitio, otros a otro, y Willy, Rebeca y yo seguimos charlando de mil cosas; todas muy interesantes, sin duda. Willy tampoco tenía dónde dormir, así que después de un intento fallido acabamos por coger una habitación doble en el "majestuoso" Hotel Imperio. Mis rodillas y tobillos hubieran preferido quedarse ya en aquella habitación, pero aún quedaban horas por delante. Cruzamos la callejuela para entrar en el Pícaro, donde pasamos otro par de horas de charlas de esas de las de "arreglar el mundo". Una de esas ocasones (escasas) en que me dedico más a escuchar que a hablar. Hacia las seis de la mañana nos fuimos a recorrer de nuevo la ciudad. Mis torpes piernas no daban para más, pero había que seguir. Vimos pasar una extraña y silenciosa procesión religiosa portando la talla de una virgen (momento surrealista), pasamos por delante de la Catedral, Willy y yo nos quedamos descolgados del grupo y nos perdidos, y finalmente acabamos con Rebeca en el piso de ... (no recuerdo su nombre, ¿será contagioso lo de la memoria de pez?). Momentos de bajón después de la noche, con la tele encendida sin volumen y poniendo música en el equipo. Ya eran casi las ocho, y la vuelta al hotel se antojaba misión complicada ante el laberinto de callejuelas de Toledo. Mejor coger un taxi... Íbamos a ser tres pero pasó algo raro y al final fuimos solo dos... Por fin en cama. Un rato de charlas finales y a intentar dormir unas horas. Para mí, y sin querer pecar de ñoño, una noche de AMISTAD. Inolvidable.
Doce y tres minutos. Llamada desde recepción para avisarnos de que "ya pasa de las doce". Nos vestimos y Willy estiró la ropa de su cama, igualito que Keith Richards. Ni siquiera nos duchamos (total, yo no tenía ropa para cambiarme, la tenía en el coche), y salimos a la fresca mañana toledana. Había llovido y estaba nublado. Muertos de hambre. En la plaza de Zocodover nos metimos en el McDonalds (caprichos de rockstar, digo yo), la tercera vez en mi vida (la primera hace más de 20 años en Madrid; la segunda hace tres en Blanes). Me comí un Mac auténtico... si ese es el "auténtico", cómo será el "falso"... Pero bueno, suficiente para llenar un poco el enorme hueco del estómago. Comer para sobrevivir. Llegó Rebeca a recoger su cámara (a Willy le dio un beso y a mí dos); cuando apareció Carlos a buscar a Willy ya nos despedimos y me fui hasta el coche para continuar mi ruta hacia la capital... 13 octobre Antes de dormirme...Un fin de semana inolvidable... me ha pasado de todo y todo bueno... estoy agotado y feliz...
Antes de irme a la cama a derrumbar mi dolorido cuerpo (toma estilo rebuscado), solo un detalle: nuevamente me ha contagiado el catarro con sus besos... y esta vez HEMOS SIDO DOS... nunca más tres... esta vez nadie se ha interpuesto entre Ella y Yo... ese "nadie" es historia... es pasado... Ella y Yo somos futuro... no presente, pero sí futuro...
Me voy a dormir, que no puedo más... Mañana será otro día... 9 octobre Hace cuatro años (VI): Madrid por vez primeraNuestro primer viaje de locos: Barcelona-Madrid-Barcelona en día y medio. Ella solo libraba en el trabajo los jueves, así que aquel miércoles 7 de octubre salíamos de la Ciudad Condal a eso de las dos de la tarde, camino del centro. La excusa era un concierto de las Pauline en la Playa en Pozuelo de Alarcón. Por entonces no teníamos TomTom, así que era la época de llevar las anotaciones en una hoja y los mapas en la guantera. La salida de Barcelona nos resultó más lenta de lo pensado, el viaje más largo de lo previsto y el desvío a Pozuelo más complicado de lo esperado. En resumen, que el concierto era a las ocho y media... y nosotros llegamos al pueblo a eso de las nueve. Yo le iba diciendo a Ella: "no te preocupes, seguro que será más tarde, es demasiado pronto para un concierto"...
Llegamos al auditorio municipal, justo a tiempo... de ver cómo las Pauline se montaban en la furgoneta para irse... 600 kilómetros para esto... y nos quedamos los dos riéndonos como dos tontos. Éramos tan felices que todo nos daba igual...
Cogimos un hotel cercano (el Hotel Pozuelo, nuestro primer hotel, guardo aquella factura como oro en paño). Dejamos las cosas y nos dispusimos a cenar en algún sitio interesante del pueblo. La verdad es que Pozuelo, en un jueves por la noche de primeros de octubre, no es que tenga mucho movimiento. Pero la suerte quiso que fuéramos a parar a un local de curioso nombre: La Gamboteca... Estábamos casi solos (creo recordar que había otra pareja en el comedor), y el camarero (un colombiano nostálgico de su mujer y sus hijos) nos ofreció abundante y relajada conversación entre gamba y gamba. La verdad es que, estando yo por medio, lo más normal era acabar entablando conversación con todo el mundo, y Ella parecía disfrutar con esa facilidad mía para conseguir que en todas partes acabáramos siendo el centro de todas las conversaciones. El caso es que comimos, bebimos, hablamos, hicimos tonterías de enamorados y disfrutamos de la vida. Aquella noche en Pozuelo no teníamos prisa... La noche en la habitación del hotel fue larga y apasionada... todo parecía una aventura, todo era nuevo y excitante...
Llegó la mañana a Pozuelo, y Ella y yo "amanecimos siameses", parafraseando a Maga. Lo habitual en nosotros, por otra parte. Dejamos el hotel y nos dispusimos a descubrir Madrid. Yo era "el experto", ya que no en vano había pasado mis vacaciones en la capital chas veces en mi infancia y adolescencia, y había tenido familia allí hasta el año 90. Conocía más o menos las calles principales, los museos importantes y los barrios típicos. Ella, en cambio, nunca había estado en Madrid, y como a toda pseudo-barcelonesa "de pueblo", el hecho de pisar la capital le parecía algo mágico y asombroso. A mí me gustaba especialmente el hecho de que era yo, y nadie más, quien le estaba enseñando aquellos lugares por primera vez.
Nuestra idea para la jornada era visitar el Museo del Prado. Llegamos fácilmente al Paseo de Recoletos, a la fuente de Neptuno y el paseo del Prado y buscamos un parking (creo que por la calle de las Huertas). Nos tomamos un refresco y nos lanzamos a por el mítico museo. Para mí era algo así como mi cuarta o quinta visita, aunque había pasado mucho tiempo desde aquellos viajes "culturales" con mi madre y mi primo Pedro. Para Ella, simplemente todo era nuevo y maravilloso.
Empezamos a visitar las salas del museo, el recorrido habitual. A Ella le gustaba mucho la pintura, de hecho aún no se había abandonado del todo en sus inquietudes artísticas, y tenía en el piso de Barcelona un atril con un cuadro a medio pintar (cuadro en el cual nunca volvió a dar una sola pincelada más). Había estudiado algo llamado Bachillerato Artístico, y me iba comentando cosas de sus gustos pictóricos mientras caminábamos por las distintas salas. Y ocurrió lo mágico... Yo comenté algo sobre el surrealismo de Dalí (que siempre me ha impresionado) y Ella me respondió que había una obra del Renacimiento que en cierta forma era surrealista también, y que era su pintura preferida de todas las épocas: "El Jardín de las Delicias". Tenía su libro del Bachillerato lleno de anotaciones sobre detalles del cuadro, y me hablaba de él con una emoción como pocas veces le había conocido. Juro que ninguno de los dos sabíamos que, medio minuto después, nos íbamos a encontrar de frente con el famoso y maravilloso tríptico del Bosco... fue un momento absolutamente increíble... Ella empezó a sonreír, a llorar, a mirarme como si me quisiera preguntar si aquello era un sueño o estaba pasando en realidad... Y yo allí, a su lado, feliz por haber sido el hacedor de que aquel momento hubiera sucedido, feliz porque aquello le hubiera pasado estando conmigo y con nadie más. FELIZ.
Después de aquel momento increíble, el resto de la visita fue ya más "normal": Velázquez y Goya, mis favoritos: La Rendición de Breda y Las Meninas, frente a Los Fusilamientos del Dos de Mayo y Saturno devorando a sus hijos... Siempre impresionantes, sin duda.
Pero había que empezar a pensar en el viaje de vuelta: Ella trabajaba el viernes por la mañana... lo dicho, de locos. Salimos de Madrid al atardecer, por la infame A-2 (que sigue igual de infame cuatro años después, por cierto). Paramos a cenar en un pueblo a mitad de camino (de los pocos lugares cuyo nombre no consigo recordar), y seguimos nuestro viaje de vuelta con momentos de lo más interesante: Ella sabía muy bien cómo conseguir que se me pasara la modorra cuando me entraba el sueño... Y yo me aprovechaba de eso y fingía que me entraba el sueño... Juegos de amantes enamorados...
Llegamos a Barcelona, a nuestro piso (ya empezaba a ser NUESTRO por aquellos días), a eso de las dos de la mañana. Agotados... y felices... Más o menos nos quedamos dormidos sobre esta misma hora hace cuatro años... faltaban solo tres días para que algo GRANDIOSO ocurriera en el Port Vell barcelonés... Cada cosa a su tiempo...
Quiero ir a La Gamboteca este sábado... ¿Lo conseguiré? Al menos, lo voy a intentar...
P.D.: acabo de ver algo tremendo en mis estadísticas de visitas... no, no es el patético (creo que no, vamos...); resulta que alguien ha entrado a medianoche en mi blog desde el Google, a partir de una foto mía en postura de "machote forzudo" con el hermano pequeño de Ella... No sé, ya sé que estoy buenorro (juas), pero eso de que haya gente que busque fotos mías en la red me ha dejado descolocado... Querida admiradora (espero que sea chica, vaya), manifiéstate... no seas tímida... 7 octobre Crónicas futbolísticasA partir de septiembre, los domingos por la tarde toca fútbol. En mi caso, no se trata de ir a ver a ningún equipo famoso, sino al equipo del pueblo: la S.D. Cacheiras, nada menos. Ahí estamos, en Segunda Autonómica, luchando por el ascenso contra el que se supone será nuestro máximo rival, el Grixoa. Mi padre está metido en la directiva, y su trabajo en los partidos de casa consiste en hacer de portero del campo... En los partidos de fuera, siempre que puede me lía (los chantajes emocionales padre/hijo de siempre) para que le lleve a los campos correspondientes. A veces no es tan fácil de descubrir el lugar del partido, como la semana pasada en Tordoia: llegados al pequeño pueblo de Cabaleiros, paramos a preguntar a una viejilla que estaba sentada al lado de la carretera; antes de decirle nada, ella nos preguntó "¿Van para el fútbol?". Se veía que no éramos los primeros. En fin, que después de dar un par de vueltas conseguimos llegar al campo, allí en un alto en medio del campo, sin una casa cercana. Menos mal que hacía buen tiempo, que estar en aquel lugar en una tarde de invierno fría y lluviosa debe de ser un suplicio.
Este último domingo jugábamos en casa, contra el Rodeiro. Este año tenemos un buen equipo, y se nota. Quinto partido y quinta victoria, esta por 2-0. Entre el público destacaba sobremanera una señora de Rodeiro, que se pasó todo el partido animando a los suyos con una voz aguda muy llamativa: "¡Vamos, Rodeiro!! ¡Ánimo, muchachos!!" Con el 2-0 la buena mujer ya se calmó un poco, pero nos dio un buen rato de diversión, la verdad. Y es que en estos partidos de aficionados muchas veces lo mejor está en los alrededores más que en el propio campo de juego.
Por lo demás, el otoño climatológico ha llegado con prontitud. La temperatura en la casa ha bajado de golpe, y ya casi dan ganas de poner el nórdico en la cama. Por ahora me estoy conteniendo, porque no puede ser que aún no vaya a templar un poco en los próximos días. Que aún estamos comenzando octubre...
Cuatro días para Toledo... y Ella no va a poder ir... habrá que llevarle Toledo a Madrid... sea como sea, habrá que hacerlo... 4 octobre Nuevo capítulo del culebrón, capitulo 12527: Ella y yo (sin el actor secundario... espero)Después de la tormenta de la semana pasada, con las idioteces del actor secundario y mi creo que más que justificada respuesta, las cosas parecen haberse aclarado bastante en este culebrón que ya dura demasiado tiempo. Como en todo buen culebrón, cuando se va acercando el final y todo se ve negro, se da un brusco cambio dramático en el guion: el malo malísimo es desenmascarado (tocado y hundido), el bueno buenísimo resurge del fondo del pozo y la dubitativa que estaba en medio de ambos descubre toda la verdad y se quita la venda de los ojos. Más o menos...
Una vez descubierto en sus constantes visitas desde el puesto de trabajo, el pobre secundario se ha acobardado de tal manera que no ha vuelto a pasarse por aquí. De este modo, mi blog ha vuelto a su plácida normalidad: cuatro o cinco escasas visitas diarias, casi todas de gente que entra por error, y sobre todo la sensación de no ser espiado constantemente. En resumen, que este espacio ha recuperado su espíritu de "diario personal"... o eso espero... Por fin puedo escribir lo que me apetezca sin temor a "darle pistas" al tipejo ese...
En estos últimos días las cosas han mejorado entre Ella y yo. Por fin parece que ha apartado de su vida al secundario... al menos, eso es lo que me asegura. En fin, hasta Ella ha tenido que acabar reconociendo la realidad. Como vive desconectada de internet le envié una extensa carta en la que le detallaba todo lo ocurrido en los últimos meses, y le decía que si seguía con alguien que me atacaba y me insultaba continuamente (los insultos me los enviaba en privado, las provocaciones en público) entonces yo consideraría eso como el mayor desprecio hacia mí. Hablé ayer con Ella y me dijo (en su habitual estilo ambiguo, eso sí) que ya ni se ve con el secundario, que se ha hartado de sus bobadas y que, por favor, le enviara una segunda carta en la que le contara todas los engaños y mentiras con que el fulano me había obsequiado a mí el año pasado. En sus propias palabras, "para reírme un rato de toda esa mierda". El lunes le enviaré esa nueva carta, ahora que me ha dicho que ya no está con el secundario. Como ejemplo, el tipejo este me prometió muy solemnemente en CINCO OCASIONES distintas que se iba a apartar de Ella para siempre durante aquellos meses... No me había dado cuenta de hasta qué punto este tipo me había mentido hasta que empecé a escribir esa "recopilación" de todo lo ocurrido el año pasado. Yo mismo me quedé asombrado de haberme creído las patrañas del secundario, de haberle consentido tanto y de haber sido tan tonto con él.
Por cierto, en su último correo del día en que se vio descubierto, el gran hombre me volvió a prometer muy solemnemente que si Ella le dejaba, él se apartaría para siempre... O sea, lo ha vuelto a hacer... por SEXTA VEZ... con tales antecedentes, como para confiar en su palabra...
Hay una cosa que me encantaría poder hacer: pasar una noche, un día o lo que sea con Ella sin el agobio de un tercero incordiando constantemente. Hace tanto tiempo que no he podido estar con Ella sin sombras entre ambos que ya ni me acuerdo de lo bien que lo pasábamos juntos. La última vez en que cuando estábamos juntos éramos solo dos debió de ser allá por abril del año pasado... Así que el próximo fin de semana voy a verla, aprovechando ese mágico concierto de mi amigo barcelonés en Toledo. Ella tiene que ir COMO SEA. Si estamos los dos solos (sin secundarios por medio) todo irá bien... como siempre había sido... Ahora mismo, no pido nada más que eso... Ella y yo, y nadie más... |
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