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31 décembre

... y se acaba el 2008...

Esta noche cena de fin de año en casa con invitados. Ahora mismo me voy a recoger el grueso del menú y después tendré un par de horas largas para ir haciendo los canapés y los platitos de los postres y las uvas... menudo cocinillas... La mesa ya está montada, ahora hay que ir poniendo la calefacción para que el salón no parezca una nevera y más o menos hacia las 9 y media estará todo listo para recibir a los Losada...
 
Supongo que ya de madrugada, cuando vuelva a la habitación del ordenador y me entre la tristeza habitual de la soledad del Año Nuevo, me dará por escribir otro post en plan "resumen de 2008"... pero bueno, mientras tanto, y por si alguien se pasa por aquí durante las próximas horas,
 
¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!
28 décembre

Los últimos días del año

... es que tampoco tengo mucho que contar desde la última entrada... Vamos a ver: aproveché las soleadas tardes del 24, 25 y 26 para salir a hacer pequeñas rutas fotográficas. El 24 me fui hasta la punta de Couso, en Riveira; el día de Navidad, al puertito de As Sinas y a la Illa de Arousa, y el 26 a la zona de Abanqueiro y Carragueiros. Muchas fotos de puesta de sol, de olas golpeando rocas y de barcos reflejados en el agua. Buen material para seguir haciendo pruebas con mis nuevos conocimientos sobre fotografía y retoque digital...
La cena de Nochebuena no fue gran cosa: además de los Losada, mi padre y yo, se unieron un matrimonio que, cada uno en su estilo, son dos de las personas que peor me caen de este mundo... y mira que es difícil que yo no soporte a alguien, pero con estos dos no puedo... En cuanto a mis "amores de juventud", pude comprobar cómo los años van pasando para todo el mundo, pero que mientras yo me veo en fotos de hace años y no me noto más viejo ni más arrugado, no todo el mundo puede decir lo mismo. Sé que puede sonar un poco superficial, pero sí, salí de la cena sintiéndome comparativamente más "guapo por fuera"... Tampoco pude profundizar demasiado, aislado como estaba en el fondo de la mesa, así que lo único que pude hacer fue charlar con Carlos (política y sociedad, como siempre) y aguantar las tonterías del otro tipo con paciencia y mi mejor sonrisa de compromiso. Me comí con gusto el triffle de Alda, que aunque estaba muy líquido y poco cuajado sabía realmente bien (para los mal pensados, el triffle es un postre típico inglés), y poco más puedo resaltar. Eso sí, mi padre batió esta vez sus propios records de impaciencia y comportamiento "antisocial" y a las 11 y media de la noche ýa había conseguido "huír" de la cena y estábamos de vuelta en casa. Qué cruz... Supuestamente, el día 31 seremos nosotros los anfitriones, pero aún no está la cosa confirmada; ya se verá, aunque como mucho el lunes tengo que saber si hacemos la cena para encargar el pedido en el Corte Inglés.
Y poco más me queda por contar: mucho frío (sobre todo por las noches), mi padre que anda medio acatarrado, dos o tres discos que me compré, también un libro de rutas por la Ribeira Sacra chulísimo y algunos records en el Facebook con el juego este del GeoChallenge (sobre geografía en general, pura obsesión en mí, por supuesto). E incluso me ha dado tiempo para casi terminar de traducir un artículo para enviar a alguna revista sobre imagen médica de las buenas (sí, sí, hasta he trabajado en la tesis, increíble).
 
Ya me olvidaba de una cosa: sí, al final Ella dio señales de vida y la tarde del 25 acabamos hablando durante una larga hora. Cada vez están las cosas más claras, y dentro de un tiempo lo que más vamos a lamentar es todo lo perdido durante medio 2007 y todo 2008... Cada vez falta menos, y hasta Ella se está empezando a dar cuenta... En enero habrá novedades, al parecer. Lo que yo me pregunto es si no será demasiado tarde ya... Y ahora mismo no sé la respuesta a pregunta tan compleja...
 
Ya falta menos para la cuesta de enero...
22 décembre

A escasas horas de hacernos millonarios...

Cuando era pequeño realmente pensaba cada 22 de diciembre que nos iba a tocar la lotería. A pesar de lo que siempre me ha gustado la cama, ese día me levantaba a las 8 de la mañana para anotar todos los premios y comprobar, año tras año, cómo esa vez tampoco nos iba a cambiar la suerte. Dicen que este año, con la crisis, la gente juega más que nunca a loterías, quinielas y similares; supongo que es una especie de infantilismo social que se deja ver en tantas otras facetas de la vida. Ya hace muchos años que no me levanto para ver el sorteo de la lotería, y esta vez no va a ser distinto, por supuesto.
 
Este lunes vuelve a casa por Navidad, como los turrones, Alda, la mujer que me tuvo enamorado durante toda mi juventud (entre los 15 y los 30, a grandes rasgos). Cuando me "emparejé" con Ella (con "mi" Ella catalana, me refiero) en septiembre de 2004, tenía una cierta curiosidad por saber cuál iba a ser mi sentir al ver a Alda en esa nueva situación, en las Navidades de aquel año: he de reconocer que en un primer momento sentí algo así como un "fastídiate, que yo ahora tengo novia". No demasiado maduro por mi parte, por supuesto. En realidad, eso solo fue al principio, porque en realidad mi corazón estaba tan ocupado que tampoco me paraba a pensar en nadie más que en Ella (en la catalana, vamos). Ahora las cosas han cambiado y tengo cierta curiosidad, de nuevo, por saber cuál será mi reacción al volver a ver a Alda estando otra vez "soltero". Como muy tarde en Nochebuena, donde estaremos las dos familias, como todos los 24 de diciembre, reunidas en su casa. En un mundo perfecto, Alda y yo tendríamos que estar juntos desde hace mucho tiempo: objetivamente, y a riesgo de parecer engreído, es la única mujer que conozco que esté a mi altura. Tiene todas las cualidades que se podrían pedir, e incluso me gustan sus defectos (ese carácter fuerte, el querer tener siempre la razón en todo). Nunca pasó nada entre nosotros por dos motivos: uno, mi timidez adolescente/juvenil, totalmente eliminada de mi persona desde hace años; y dos, que realmente ella nunca me ha conocido de verdad. Entre mi cuasi tartamudez cuando la tenía cerca y su poca predisposición a conceder alguna oportunidad, la verdad es que no recuerdo haber sido yo mismo con ella más que en ocasiones contadas. Y claro, mi atractivo surge cuando se me conoce un poco, ahora lo sé muy bien...
 
Por lo demás, y a falta de esas ganas de que ocurran cosas, la vida sigue su curso habitual: hoy, fútbol en O Pino, con un nuevo empate a cero, y ayer sábado "inauguré" la autovía del Barbanza yendo hasta Riveira y la playa de O Vilar a hacer unas fotillos. Necesito material nuevo sobre el que poder probar todas esas técnicas que estoy estudiando en los últimos días... Todo el fin de semana he estado un poco fastidiado del tobillo derecho, dolores de los habituales, aunque a estas horas ya estoy recuperando la normalidad. Este lunes espero aprovechar el sol invernal de las últimas jornadas y poder darme una vueltecilla por ahí...
 
En el Don Balón de la última semana venía un regalo navideño: un gorro de Papá Noel (no me preguntéis el motivo por el cual una revista de fútbol regala gorros de Papá Noel). Perfecto para hacer una gracia... Así que eso, aunque ya sabéis que estas fechas son las que menos me gustan del año, la cuestión es sobreponerse y ponerle una sonrisa:
 
 
¡¡FELICES FIESTAS!!
 
18 décembre

El fin de semana buenavidero (3ª parte)

Salíamos de los camerinos cuando alguien reparó en el enorme jolgorio que había en el Auditori. Era Eli "Paperboy" Reed, que había animado al público a invadir el escenario y estaba liando una buena. Iranzu y yo nos quedamos un rato contemplando el espectáculo desde un lugar privilegiado, entre bambalinas, mientras sonaba el Boom Boom como cierre del concierto. Vaya con el soul sesentero...
 
La fiesta buenavidera era en el Princess, al lado del Fòrum. Iranzu y yo nos hicimos el paseo cogiditos del brazo y tapándonos las cabezas con un chubasquero mientras cruzábamos la calle en la lluviosa noche barcelonesa, menuda envidia para mentes poperas calenturientas... Una imagen graciosa... Nada más llegar, Iñaki me acercó una silla y una copita de cava, y las conversaciones con unos y otros se fueron sucediendo hasta las 3 de la mañana. Da gusto verte rodeado de gente tan simpática y tan cariñosa. Si tuviera que escoger un momento, creo que lo haría con el de las explicaciones de la orgullosa mamá sobre sus dos preciosidades de niños, la una tan pizpireta y coqueta y el otro con ese precoz oído musical. Cuánta envidia... Y cuánto quiero a mi amiga donostiarra residente en Madrid...
 
Los empleados tenían que retirarse pero la fiesta debía continuar, así que se optó por subir a la planta 23 para montar una improvisada sesión nocturna. Nunca había subido a un piso tan alto en mi vida, sobre todo con ese ascensor con vistas a la ciudad, menudo lujo. Una vez allí, me senté en una esquina con Cheli, y acabé por soltarle mi habitual rollo sobre las "historias de supervivencia". Hablamos sobre los Beatles (yo) y sobre Neil Young (él), mientras iban llegando nuevas provisiones alcohólicas a la reunión buenavidera. Yo me bebí medio botellín de cerveza en toda la noche (vamos, que menudo borrachín estoy hecho...), pero el resto de componentes de la mesa dieron buena cuenta de las sucesivas remesas que iban trayendo la gallega guapa (y su pose de camarera, servilleta en el brazo incluida) o algún otro de los expedicionarios de la reunión. Finalmente se consiguió que apareciera una guitarra, y ahí comenzó una larguísima sesión musical a cargo principalmente del gran Mikel: sonó de todo... desde la versión original en inglés de Caruso hasta varias de la Velvet, The Cure, The Beatles (¡cómo no!), Neil Young, por supuesto alguno de los futuros temas buenavideros, y también por supuesto alguno de los antiguos temas buenavideros... Mi amigo donostiarra me dejó escuchar (por fin) su canción inspirada sin saberlo por nuestro común amigo japonés, una auténtica maravilla... Y, en fin, que me quedé con las ganas de haber perdido un poquitín de mi timidez y haberme lanzado a cantar más alto de lo que lo hice... Quizás hubiera sido mi oportunidad de comenzar mi carrera en el pop...
 
Hacia las 6 y media de la mañana el grupo inicial se había reducido a 5 personas: mi amigo donostiarra, otro chico muy simpático pero que nadie se acordó de presentarme (guitarrista zurdo con gusto por el blues y el flamenquito, por más señas), y otras dos chicas que (esa es mi impresión) estaban esperando a ver si yo me retiraba de una vez para poder retirarse ellas a su vez bien acompañadas... Pero claro, yo tampoco tenía adonde ir más que al coche, para dormir un rato antes de emprender el viaje de vuelta. Siempre a lo pobre, no tengo remedio... Menos mal que mi amigo, en otra muestra de generosidad, me instó a tomar una habitación para descansar adecuadamente. Así fue como finalmente acabé durmiendo en la enorme cama de la lujosa habitación 1711 del hotel Princess...
 
Tras cuatro horas de sueño reparador tocaba levantarse, ducharse y marcharse. Me hice una foto en la habitación (como cualquier vulgar pueblerino, que es lo que soy en realidad), y bajé hasta el hall, donde me encontré a mis amigos que ya iban preparando el equipaje para irse en la furgoneta buenavidera hasta tierras vascas. Las noticias sobre el estado de las carreteras en el norte eran poco alentadoras, y más teniendo en cuenta que me iba a encontrar en la zona más conflictiva ya por la noche, por lo cual decidí que iba a ir hasta Madrid, atracar por segunda vez a mi gran amigo madrileño y, al día siguiente, terminar tranquilamente mi ruta hasta llegar a casa. Tuve una gran intuición al hacer esto, ya que me hubiera quedado atascado sin remedio en el colapso de la AP-66...
 
Justo cuando me despedía de mis amigos me sonó el móvil. Era mi amigo barcelonés, que había ido con su abuela de compras y estaba dispuesto a esperarme junto al pequeño jabalí. Qué gran detalle, de los que no se pueden olvidar. Tardé media hora en llegar,aparqué al final de la parada de autobús de la Gran Via de Carles III, y desde allí me dirigió el gran Willy por el camino del parque de las fieras, mientras me contaba sus aventuras infantiles en aquel recinto jugando con jabalíes, ciervos y osos. Las fotos que nos hicimos fueron algo grande, y mi agradecimiento hacia mi amigo mucho mayor. Un día tanto él como yo tendremos a nuestro lado al amor verdadero. Ya sabemos ambos quiénes son nuestros respectivos amores, ahora solo falta que ellas lo entiendan...
 
Dos amigos con el pequeño jabalí...
 
Otros 600 kilómetros hacia Madrid. Reposté a la salida de Barcelona, en Pallejà, aprovechando para comprar una barra de pan aún caliente, dos croissants y una botella de agua. Todo ello fue desapareciendo por el camino. Entre el cansancio acumulado y la temperatura tropical del interior del coche, la verdad es que el sueño casi se llegó a apoderar de mí por momentos, pero finalmente conseguí plantarme en la madrileña calle de Pescara hacia las 8 de la noche. Tuve tiempo de disfrutar de la compañía de Marcos y Héctor, que me enseñaron sus muñecos (Libélulo, Malayerba y compañía) y sus fotos del Oceanogràfic de Valencia y del Disneyland parisino. Tras una opípara cena preparada por mi amigo (una buena tortilla de patata con unos pinchos de chorizo y queso y un sorbito de vino), y ya con los demás acostados, pudimos ambos pasar un rato contemplando nuestros tesoros buenavideros del fin de semana. El regalito que le había conseguido la noche anterior con nuestros amigos no fue nada comparado con su generosidad y su predisposición a mis "atracos a mano armada", pero a él le hizo mucha ilusión recibirlo. En fin, que antes de la medianoche nos fuimos a la cama. Otra vez usurpé la habitación de Marcos y dormí todo lo que pude, hasta las 5 y media en que me desperté y ya me quedé dándole vueltas a la cabeza sobre todo lo que me había pasado (y lo que no) en esos tres días increíbles.
 
Tras un rápido aseo, la despedida de mis sufridos anfitriones y sus dos pequeñas joyas y la llegada a mi coche tropical. La helada había sido fuerte, y una capa de hielo se asentaba en el parabrisas. Salida de la gran ciudad bien dirigido por mi fiel Tom Tom, y dificultades con la nieve a partir de Villalba, aunque las máquinas quitanieves permitían circular sin peligro. Paré a poco de entrar en la A-6 a desayunar y a desperezarme del sueño que me estaba volviendo: un pincho de tortilla de atún, una lata de Nestea y unas pastas típicas para ir comiendo en el coche. Afuera había nieve y 2 o 3 grados bajo cero, pero yo circulaba con el techo solar abierto para no ahogarme con el calor que entraba por los conductos de ventilación. Por Benavente me cayó otra buena nevada y en Mombuey, como ya es costumbre, llené el depósito a buen precio, para afrontar el último tramo de viaje. Cruzando la Canda y el Padornelo había bastante nieve a los lados, pero sin problema para circular, y según iba acercándome a casa pude ver las cumbres nevadas del Invernadeiro o, ya más cerca, el Candán o el Testeiro. Llegué a las 2 y media a casa, más o menos mi hora habitual de desayunar, y eso fue lo que hice: dos yogures y un trozo de pan fresco. Subí, me cambié, me puse al día en el ordenador y aguanté sin dormirme toda la tarde. Por supuesto, al descargar las cosas de la mochila descubrí en el fondo las pastillas que supuestamente me había dejado olvidadas, un clásico... Ya en el laboratorio, y estando solo, a eso de las 8 me quedé dormido sentado durante un buen rato, y de vuelta a casa, después de cenar, me tragué la habitual ración del "Mira quién baila" de los lunes, con los ojos entrecerrados por momentos. Aún aguanté delante del ordenador hasta las 3 y pico, y por fin caí rendido en mi amplia (y fría tras 3 días de calefacción apagada) cama. Menuda aventura...
17 décembre

El fin de semana buenavidero (2ª parte)

A eso de las 6 de la mañana me desperté a medias por un golpe contra la puerta de mi habitación prestada por esa noche. El pobre Marcos se había levantado a beber un vaso de agua y, medio somnoliento, había querido entrar en su habitación, sin darse cuenta de que yo había cerrado la puerta. Dos niños increíbles, Marcos y su hermanito Héctor, motivo de mi total envidia hacia sus felices papis...
 
Me desperté con la alarma del móvil hacia las 9 de la mañana. Tenía otros 600 y pico kilómetros por delante camino del noreste, de la Barcelona que no había vuelto a pisar desde mi vuelta a casa en enero de 2007. Cuántos recuerdos... buenos, malos y regulares... En fin, que mientras charlaba con David sobre la mágica noche anterior me tomé un ligero desayuno que me iba a llevar de cabeza unas horas más tarde: los dos yogures no ofrecieron problema, pero mi fallo (el primero) fue el de beberme una taza de leche fría, mientras le decía a David algo así como "tuve unos meses en que la leche no me sentaba muy bien, pero bueno, seguro que no me hace nada". Craso error... en realidad, solo el inicio de una cadena de errores "fatales"... Por otra parte, acababa de darme cuenta de que me había dejado en casa mis cápsulas antiinflamatorias, las sin par Celebrex. Cuando las tomo no noto mejoría, pero como no las tome un solo día el estado de mis rodillas empeora drásticamente. Y aún peor con el tute que ya llevaba encima, y mucho más con lo que me quedaba por delante, que se preveía largo y cansado. En fin, menos mal que en esta época no ando muy mal de las piernas, tocaba aguantar y regular las fuerzas...
 
El viaje hacia Barcelona por la infame A-2 tuvo un poco de todo. Hacía mucho frío, en especial en la zona del puerto de Alcolea, con el añadido de una densa niebla que molestaba sobremanera la conducción. Paré en medio de la niebla a repostar, aprovechando para coger algo de comer y beber. Me dio por comprar una botella de batido de vainilla (rarezas mías), y con el sandwich que compré regalaban otra botella de medio litro de Coca-Cola. Batido de leche bien frío y bebida con gas, mas la taza de leche fría del desayuno... se estaba preparando una buena en mi barriga, y todo por mi "mala cabeza"... Cuando ya iba llegando a Zaragoza, más o menos a mitad de camino, recibí la llamada de Pedro: malas noticias... Había problemas con los técnicos del Auditori, y las proyecciones de video no se iban a poder hacer. En fin, por otra parte de este modo podría disfrutar del concierto más tranquilamente, aunque me sabía mal por mis amigos. Aún me quedaban otras 3 horas de viaje, así que me lo podía tomar con más calma. De todos modos, dentro del coche la temperatura estaba haciéndose un poco elevada...
 
El mando del aire frío-caliente acababa de estropearse, y a partir de ese momento solo entró el aire caliente del motor... vamos, que aquello parecía un viaje al sol del mes de agosto, con el techo solar abierto para suavizar un poco la temperatura interior. Además, al poco de entrar en Cataluña (seguí la ruta de la AP-2, a pesar del peaje) comenzaron los problemas "internos"... Bueno, no pasaba nada grave: paré en un área de servicio, hice lo que tenía que hacer y de paso estiré las piernas. Vuelta a la ruta... La llegada a la recordada Barcelona era inminente...
 
Cuesta abajo por la Diagonal, con una idea en mente: el parque del "pequeño jabalí", el mítico lugar de los juegos de mi buen amigo barcelonés. Mi idea era aparcar por allí y hacerme la foto que llevaba pensando desde hacía tanto tiempo... pero, claro, aparcar en las inmediaciones del Corte Inglés de Diagonal un sábado previo a Navidades hacia las cinco de la tarde es misión imposible... Di tres o cuatro vueltas y decidí dejar la misión para la mañana del domingo... Recibí la llamada de Mariano: los problemas del Auditori se habían solucionado, así que al final sí iba a haber proyecciones durante el concierto. Por tanto, tenía que ir yendo hacia el Fòrum para estar con tiempo en mi puesto. Eso sí, atravesar toda la ciudad por Diagonal hasta Glòries y seguir por Diagonal Mar lleva un buen rato...
 
Aparqué en la segunda planta del parking del Fòrum, casi vacía por completo. Cuando empezaba a preparar los bártulos para el concierto volvieron los contratiempos intestinales... pero en aquel parking medio en obras no había un mísero cuarto de baño... ¿Qué hacer? Bueno, no me dio mucho tiempo de poder decidir nada, mi intestino decidió por mí... sí, como un niño pequeño... En fin, me ahorraré las explicaciones escatológicas: aproveché la soledad y casi oscuridad de una esquina del parking para realizar tareas de aseo, limpieza y cambio de ropa... En fin, los daños se habían podido minimizar, al fin y al cabo...
 
Salí a la superficie con mi pantalón de chandal negro recién puesto y me di un corto paseo hasta el Auditori, en donde Mariano y la gallega guapa me esperaban para darme la pulserita que me abriría todas las puertas en el interior. Hice tiempo observando un rato del aburrido (para mí) concierto de los High Places, y salí para preparar mi trabajo con Mariano... Malas noticias: al final, nuevamente los técnicos del Auditori habían impuesto su mente cuadriculada y las proyecciones quedaban definitivamente suspendidas. Solo quedaba disfrutar del concierto en un buen lugar y pasarlo bien... Tenía un poco de sed, así que me compré un botellín de agua fría... Y estalló la bomba de relojería interna... Nuevamente me ahorraré comentarios: llegué como pude a los servicios, con la mala suerte de que me faltaron más o menos 2 segundos para poder salir "indemne". Una bonita escena se formó en aquel cubículo en un momento... Limpié lo que pude limpiar, tapé lo que pude tapar, y me dispuse a cruzar lo más rápido que pudiese camino de nuevo del parking y de la poca ropa limpia que me quedaba. La gallega guapa estaba en la entrada, me vio y me preguntó "¿a dónde vas?". Respondí "es que se me ha quedado algo olvidado en el coche"... Sí, mi dignidad... Sin duda alguna, uno de los ratos más embarozosos que he pasado en mi vida...
 
Las tareas de limpieza y cambio de ropa me hicieron llegar diez minutos tarde al Auditori. Ya sonaba Respirando en el mundo, me senté en una zona no tan buena como hubiese deseado y procuré olvidar la hora y media anterior... Para cuando sonó Caminito del cielo mi ánimo ya era mejor, y tras el final tan bonito de los silibidos y la ovación del público me dispuse a no quedarme "aislado" de mis amigos como el día anterior. Pregunté a un chico de seguridad (casi todos los que vi en el Auditori eran brasileños, casualmente), y este me abrió amablemente la puerta de acceso a la "zona vip", por llamarla de alguna manera. Me vino muy bien llegar tan rápidamente, ya que pude aprovecharme del generoso y variado catering para recuperar las fuerzas perdidas: un poco de arroz blanco con verduras (muy bueno para la barriga, claro), unas croquetillas y unas lonchas de algo parecido al carpaccio que estaba bastante bueno. Por allí andaba Mikel, también persona de buen comer, dando buena cuenta del carpaccio. Me iba a sentar un momento cuando Mariano me vio y me dijo que mejor pasara a los camerinos, así que allí entré... Muchas charlas, bromas, fotos y alegría (con algún puntito de nostalgia, ya que era un día muy especial). Hice los dos regalos que llevaba (para el cumpleañero y para el amigo murakamiano) y me hice la foto que siempre me había querido hacer con todos los componentes de mi grupo preferido. También aproveché para hacerme unas bonitas fotos con la gallega guapa, que a buen seguro causarían el más ácido ataque de celos en alguien que yo me sé.
 
abrazadito con la gallega guapa...
 
Ya eran casi las 11 y había una fiesta privada en el hotel Princess, a la que fui invitado rápidamente... Quedaba mucha noche por delante...
15 décembre

El fin de semana buenavidero (1ª parte)

Entre las 9 y media de la mañana del viernes y las 2 y media de la tarde de hoy lunes han pasado mil cosas, casi todas buenas; muchos momentos increíbles, algunos surrealistas y otros inolvidables sin más. Tanta gente me ha tratado con tanto cariño y con tanta paciencia que solo puedo estar agradecido por tener tantos buenos amigos. Casi todo ha salido perfecto, el cien por ciento hubiera sido demasiado, pero estoy muy contento de todo lo vivido en estos tres días locos.
 
Salí el viernes por la mañana camino del centro de Madrid. Viaje sin contratiempos, más allá de un par de vueltas de más, incluido un prohibidísimo paseo con el coche cruzando la calle Preciados: los municipales fueron comprensivos y me guiaron para salir de allí sin causar atropellos. En el cruce de Bordadores con Arenal encontré una plaza de aparcamiento, a escasos 20 metros de distancia de la Joy Eslava. Estuve viendo todo el ensayo, con una temperatura en el teatro sorprendentemente baja, y como el técnico de iluminación no había llegado me tuve que esperar para preparar mi trabajo: porque sí, mi cometido en los conciertos era el de lanzar las proyecciones desde el control de iluminación. Tarea bastante más sencilla de lo que parecía on la primera explicación de Cheli, como pude comprobar posteriormente.
Para cuando el técnico había llegado ya estaban ensayando los True Loves con Eli Reed, así que no se podía probar la pantalla de las proyecciones. Fue el aprendizaje de que para estas cosas el 80 por ciento del tiempo consiste en esperar y en tener paciencia... Ya eran las seis de la tarde y seguía esperando, así que mi proyectada visita al FNAC ya no se iba a hacer. Al menos pude bajar a la calle para encontrarme con Ella... como siempre soy sincero, reconoceré sin mayor problema que esta vez tenía mucho mejor aspecto que meses atrás. Está claro que el cambiar Carabanchel por Alberto Aguilera le ha hecho bien. Pero, como me imaginaba, no iba a ir al concierto de NUESTRO grupo. Su razonamiento "oficial", absurdo: "es que es muy caro y no tengo dinero". El motivo verdadero, después de unos minutos de charla, era si cabe más tonto: tenía vergüenza de lo que el grupo y los buenavideros conocidos pudieran pensar de Ella si la veían allí. En fin, un clásico del personaje. Estuvimos hablando unos veinte minutos allí parados en la entrada de artistas, e incluso el vigilante de la puerta acabó por decir: "si con las cosas que este chico te dice no caes a sus pies, es que eres muy difícil"... En fin, otro clásico...
Ella siguió con su habitual (incluso a estas alturas) juego de las mentiras y las medias verdades, es increíble que siga creyendo que me puede ocultar las cosas que no le interesan. Entre lo que me dijo, lo que no dijo y lo que yo vi, puedo resumir que sigue hipnotizada por completo con el glamour sephoriano, que su corazón está libre más allá de algún tonteo interesado y que no ha aprendido de sus errores lo más mínimo (quizás porque no ha pagado peaje alguno por dichos errores, claro). Es razonablemente feliz en su burbuja fantasiosa. Me aseguró que para enero hará una visita a Santiago, cosa que no sé si realmente me apetece, me conviene o me interesa; además nos estuvimos riendo un ratillo de las historias del patético, aunque Ella no fuera capaz de entender el significado último de todo eso: ha destrozado un montón de cosas por un vulgar ligue discotequero que por encima resultó ser un pobre diablo. Pero claro, Ella ahora ya tiene bastante con su mundo del glamour, demasiada distracción como para poderse parar a pensar en tantas cosas en las que nunca ha pensado realmente. Verla (y sobre todo mirarla) siempre hace renacer sentimientos que de sobras sé que siguen ahí, pero... El "pero" es muy grande, Madrid está muy lejos y yo cada vez tengo menos ganas de aventuras de final dudoso... Es difícil confiar en alguien de quien no te puedes creer del todo casi nada de lo que te dice...
 
Ella se fue a su casa con sus historias y yo volví a la sala de control para continuar esperando. Finalmente pudimos encontrar un hueco a última hora y probar el disco y la pantalla. Con algún problemilla de última hora, pero más o menos todo quedó preparado correctamente. En estas llegó mi gran amigo madrileño, que ya me acompañó toda la noche. Disfrutamos como dos críos, por supuesto. Primero nos reímos un poco con las pintas del lider de The Extraordinaries, con esa guitarra estrambótica y el gorro haciendo juego. Pero la gente ya iba llenado la sala y se acercaba el momento de la verdad, así que me tocaba ir preparando mis proyecciones para el concierto de la buena vida...
 
El concierto fue IMPRESIONANTE. El silencio del público en cada tema era increíble, y mucho más contemplando la escena desde el alto de la sala de control. Las caras de la gente, atentas a cada detalle, disfrutando de cada canción, eran algo maravilloso. Mi tarea consistía en pulsar un botón en cada canción y en controlar los tiempos para coincidir con las proyecciones, así que la mayor parte del tiempo me la pasé asomado al "balcón" de la sala, disfrutando el concierto casi literalmente encima del escenario. Desde Buenas cosas mal dispuestas hasta el tremendo final de Caminito del cielo, todo salió a pedir de boca. Grandes momentos con Pacífico, Desde hoy en adelante o una preciosa ¡Adiós muchachos! acompañada `por el acordeón de Joserra Senperena, y con las intros de Borja a la guitarra española. El público entregado, los agradecimientos de rigor y el bis que sorprendió a todos: guitarras en mano, un corrillo y, por supuesto, la canción de "los silbidos". Tanto era el respeto del público que cuando alguien quiso acompañar el silbido (que era lo que los del grupo querían, en realidad), saltó otro del público reclamando silencio con un sonoro "chisssst"... Terminaron los silbidos, lancé la imagen fija de Soidemersol en el proyector y se dio final a tres cuartos de hora fantásticos. Creo que todo el que estuvo allí esa noche es consciente de que vivió algo inolvidable.
 
 
lo que yo veía desde mi "balconcito"... qué pena de no tener la reflex a mano...
 
David y yo nos quedamos comentando todo lo bueno que habíamos vivido durante un buen rato hasta que decidimos emprender la búsqueda de los protagonistas de nuestra aventura de quinceañeros, mientras Eli Reed y su banda tomaban al asalto el escenario. Al final localizamos a nuestros amigos en la tercera planta, y disfrutamos de un buen rato de "codearse con las estrellas". Yo pude estrechar la mano del mítico J, que estaba de charla con mi amigo donostiarra. Saludamos a todos nuestros chicos, en especial a Borja, con el que recordamos antiguos conciertos de Ama. Charlamos largo y tendido con Mikel, que también estaba muy contento por el concierto, y finalmente me presentaron a la gallega guapa que vive en Madrid. A ratos asomábamos la cabeza y los oídos para darnos cuenta de la fiesta que estaba armando allá abajo el señor Reed, y a eso de las 11 de la noche nos retiramos con el resto de la tropa. Más que nada porque yo no había probado bocado desde el desayuno, y por mucho subidón de adrenalina que tuviera ya eran horas de comer algo.
 
David me guió por la fría noche madrileña, y subiendo toda la calle de Alcalá (que tan larga se me hizo... porque lo es, claro), acabamos por parar en un italiano casi en el inicio de Arturo Soria. Un buen plato de pasta y una pizza revivieron a mi maltrecho organismo, y hacia la 1 de la mañana nos fuimos al piso de David. Con cuidado de no hacer ruido le "robé" la habitación al pequeño Marcos, e intenté dormir todo lo posible para tener las máximas fuerzas para el siguiente día. Porque ya sabía con antelación que ese sábado en Barcelona la noche iba a ser muy larga...
12 décembre

la buena vida según... yo

Por fin llegó el gran día. A las nueve de la mañana me marcho camino de Madrid, para disfrutar de ese increíble concierto de la buena vida desde un lugar un poco distinto de lo habitual. Todo está preparado: la ruta (bueno, llegar a Madrid no tiene mucha pérdida), la entrada a las cercanías del Joy (por la calle Mayor, Bordadores y plaza del Celenque) y el aparcamiento. He mirado las normas del ayuntamiento de Madrid, y con mi tarjeta de minusválido tendré "inmunidad" (e "impunidad") para aparcar en donde quiera: zona azul, verde, carga y descarga... Con un poco de suerte voy a poder aparcar en la misma puerta, vaya lujo...
Después del ensayo quedaré con mi amigo madrileño, y si da tiempo intentaré hacer una visita de saqueo rápido a la cercana (y mítica en cierto modo) FNAC de Callao. Y después... EL CONCIERTO. Solo espero cumplir bien con mi cometido de "proyector"...
 
No sé si habrá postconcierto corto o largo, ya lo veré sobre el terreno. Tampoco podrá haber muchos excesos (no por mi parte, que nunca los hay), ya que el sábado toca de nuevo carretera y manta...
 
El sábado en Barcelona... después de casi dos años entraré otra vez por la Diagonal, qué extraño se me va a hacer... No voy a aventurar nada de lo que vaya a ocurrir, pero sé que en conjunto todo será muy bueno. Ya he practicado un poco mis conocimientos de catalán, sobre todo por si me da el locurón (como al gran Borja de QVMT) y me marcho hacia un pueblo del norte de la provincia a saludar a unos amigos especiales...
 
Y el domingo habrá que volver, qué remedio: las 11 horas y los 1100 kilómetros, ya cansa solo de imaginarlo... merecerá la pena llegar exhausto a casa...
8 décembre

Miniaventuras leonesas

Un sábado movidito en mi planeta particular. Hay que estar un poco chalado para lanzarse a un viaje de ida y vuelta hasta León para ver un concierto y volver a casa a la hora de cenar. Vamos, que salí de casa a la una y pico de la tarde y a las diez y media estaba sentado en el sofá del salón. Un record...
 
Los míticos Carrots, el mejor grupo de pop psicodélico del país, tocaban en León, a la casi taurina hora de las cinco y media de la tarde. Nunca los había llegado a ver en directo, y ya iba siendo hora... Willy me había dicho algo así como "vente a vernos, que León te queda cerca, ¿no?" Hombre, cerca lo que se dice cerca... casi 400 kilómetros, pero bueno... había que ir...
Viaje sin contratiempos Cacheiras-León. Tres horas y unos minutos después, aparqué en una calle al lado del Albéitar. Entré, pregunté y allí estaban los Carrots empezando el ensayo. Es muy interesante ver un ensayo: todos los retoques, las pruebas, el dejarlo todo preparado para el concierto. Y, sobre todo, al estar ya dentro, el librarme de la pesada y larga cola que había en el exterior, por encima bajo una ligera pero molesta lluvia. Así que me dispuse, sentadito en primera fila, a disfrutar por primera vez de los Carrots en directo...
 
Precioso concierto. El teatro lleno, con gente que se quedó fuera, una banda potente y de mucho nivel, y unas canciones tan grandes en directo como en los discos. Desde el inicio con la espectacular 7000 Ideas hasta el final con If I Want, pasando por la clásica Sunshine y por varias joyitas de la discografía de los "zanahorias", como One, True, Three, Love, Kevin o mi canción del momento, la gran Nice to Meet You, Johnny. Grande Willy, y grande su banda. Tienen que hacer gira y tienen que pasarse por Santiago... Carrots en la Capitol sería muy bonito...
 
Autofoto leonesa con el gran Willy, el próximo sábado la liamos...
 
Después de charlar con mi amigo barcelonés un buen rato, quedamos citados para el próximo sábado en Barcelona. No para el partido del Nou Camp, no... Para algo mucho más emocionante, al otro lado de la ciudad... A ver si puedo pasarme por el parque de las fieras a ver al pequeño jabalí, ahora que ya sé dónde está... La fiesta de la madrugada barcelonesa puede ser memorable...
 
La vuelta fue tan tranquila como la ida, llegando a casa bastante antes de lo previsto, lo que agradó sobremanera a mi padre, que me imaginaba en la más cercana Lugo y no en la para él lejanísima León. Nunca cambiaremos... Y el domingo lo de siempre: fútbol aficionado, el Cacheiras jugando (y ganando 1-3) en la vecina A Estrada. Siempre es agradable cuando hace solecillo y temperatura agradable, como hoy, así que se compensó el suplicio de frío y aburrimiento de la semana anterior. Lo malo es que para el próximo domingo, con la visita del líder invicto, el sin par Grixoa, yo me lo voy a perder. Parafraseando a LosPlanetas, estaré "cumpliendo compromisos contractuales", y no creo que llegue a tiempo desde el lejano este. Ay, el lejano este, qué raro va a ser pisar aquellas tierras sin Ella al lado...
 
¿Y si Ella estuviera conmigo en el lejano este?
¿Y si en el lejano este estuviera yo con otra Ella?
¿Y si...?
 
Cuántas incógnitas... El próximo fin de semana va a ser tremendo...
5 décembre

Muchas cosas pequeñas

Estos días no estoy haciendo ningún gran proyecto, ni viviendo ninguna gran aventura (bueno, el viajecito de mañana será una pequeña gran escapada). Pero con tantas cositas pequeñas la verdad es que mi tiempo está bastante ocupado. Para empezar, las compras de la última semana han incluido algo de ropa, libros, dvds y discos: estupendo El Manifiesto Desastre, del novio de mi amor (los hay con suerte)... Tampoco están mal los discos clásicos que me compré el lunes, aprovechando una oferta: Jobim, João Gilberto con Stan Getz y Astrud Gilberto. Nada más y nada menos... En cuanto a los dvds, la serie completa The Office, en su versión original, la inglesa, es un "must have", que diría un moderno. Y, para rematar la faena, el tremendo libro que me he comprado, Fotografía Digital de Alta Calidad, de José María Mellado, que promete proporcionarme todo un "salto de calidad" en mis aficiones fotográficas. Esta tarde (porque por una vez no estoy escribiendo de madrugada) espero que me lleguen otros tres libros más: dos son para mí, y el otro es para regalarle a un buen amigo que veré dentro de siete días. Y en cuanto a ropa, quién me ha visto y quién me ve: me he comprado un par de (bastante caros) jerseys de Billabong. Los que me conocéis ya sabéis que lo de la marca me importa un bledo, pero es que eran muy bonitos y me dio la locurilla. Poco a poco voy "compensando" lo de haber estado más de tres años sin comprar ropa...
Mañana me voy hasta León, para ver en acción a mi amigo barcelonés. Como es a la poco rockera hora de las 5 y media de la tarde, y además en un teatro, me voy a poder hacer un ida-vuelta sin problemas para estar en casa a medianoche. A ver si esta vez puedo por fin hacer una buena sesión de fotos, más que nada para ir probando las posibilidades de la compacta. Me sigue resultando extraño lo de no mirar por el visor y hacerlo por la pantalla, pero bueno, la ventaja es que puedo llevar la cámara en un bolsillo y no tengo que cargar con los 2 o 3 kilos de peso de la reflex y sus objetivos (y la abultada bolsa).
 
Siete días para el dìa grande... iré practicando con el Powerpoint... y preparando las clases de gallego para galleguiñas residentes en Madrid... bueno, o para las danesas-madrileñas que pueda encontrarme por ahí...
1 décembre

Frío

Las previsiones de mi amigo donostiarra, experto meteorólogo, eran correctas: lluvia y frío para el fin de semana. El sábado no se me ocurrió mejor idea que irme hasta el cabo de Corrubedo a comprobarlo por mí mismo: escasos 5 grados centígrados y cielo oscuro. Durante el viaje me cayeron unos buenos chaparrones, pero en el cabo hubo un ratillo sin lluvia que aproveché para salir del coche. Como lo prometido es deuda, ahí queda mi autofoto con la indumentaria invernal...
 
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Pasando frío en el cabo de Corrubedo... haciendo locuras, para variar...
 
A la vuelta, ya de noche, con las canciones de Soidemersol sonando en el coche, me acerqué a Santiago para darme un caprichito gastronómico/"larpeiro": hay una panadería en la calle Doctor Teijeiro, llamada Mollete, que tiene las mejores tartas de queso que conozco. Me compré un trocito de tarta de queso, otro de plum cake y otro, más pequeño, de brazo de crema (o de yema tostada, una de mis debilidades desde la infancia). Para desayunar tres o cuatro días...
 
Hoy, como todos los domingos, era día de fútbol. Unos pocos chalados nos atrevimos a pasar dos horas a descubierto en el campo del Cacheiras, además para disfrutar de un entretenídisimo empate a cero. El árbitro del partido, un viejo conocido de las categorías regionales de la comarca de Santiago, demostró una vez más que no hace falta correr demasiado para imponer respeto a los jugadores... El terreno retumbaba a su paso...
 
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Con paso marcial... a todo hay quien gane, digo yo...
 
Y ya estamos en diciembre... el mes en que van a ocurrir tantas cosas an importantes en mi vida... o eso creo... el 1 de enero lo comprobaremos...
 
P.D.: gracias por los piropos, lectora coruñesa (la mamá más guapa de toda Coruña y alrededores)... así que la que se conecta desde R eres tú... lo dicho, que os tengo fichados/as a todos/as... porque el lector ilicitano que me acusa de copia-cámaras también deja su huella en las estadísticas, claro que sí... encantado de saludaros a todos desde aquí...
P.D.2: para los de fuera de Galicia, "larpeiro" viene a querer decir "goloso", aunque con un significado un poco distinto.