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30 mars

Crónica de dos días (y dos noches) al borde del abismo (informático)

Llevaba desde principios de semana notando cosas raras en el ordenador, como por ejemplo que cada vez que buscaba algo en el Google se me abriera otra ventana del navegador, o que más de una vez no se accediera a la página deseada. En fin, lo extraño es que no ocurran cosas raras en el ordenador, así que no le di mucha importancia… Algún spyware, seguramente nada demasiado grave… Todo es susceptible de empeorar…

El jueves me empeñé en pasar el nuevo video de mi grupo preferido al formato de mi reproductor Zen, que es muy pejiguero con estos temas. Como los programas habituales no arreglaban el asunto, me puse a buscar otros programas por la red… En alguno de ellos me vino un regalito añadido, sin duda… Y yo, en vez de demostrar mis conocimientos de más de 20 años con ordenadores, me obcequé con el tema del video de marras y no tomé las precauciones debidas…

El viernes por la tarde, sin previo aviso, mis conexiones de red dejaron de funcionar. “Algo” las había eliminado del disco duro… Al cabo de un par de arranques, el sistema completo comenzó a fallar cada vez de manera más evidente… En medio de las taquicardias y los sudores fríos, conseguí arrancar el PC en modo a prueba de errores y pude salvar los documentos, imágenes y archivos varios del disco duro, pasándolos a la siempre útil segunda unidad. En un último intento conseguí arrancar el PC en modo normal y salvar algo que para mí es muy valioso: los correos… Mi última copia de seguridad del Outlook databa de abril pasado, y me hubiera disgustado mucho haber perdido para siempre toda la correspondencia de los últimos tiempos…

Previendo este tipo de problemas, en noviembre pasado me había comprado un disco externo grande para tener en él una copia de seguridad del sistema. El problema es que, al tardarme casi 24 horas en hacer dicha copia, desde entonces no había vuelto a repetir ese proceso tan aconsejable cada pocas semanas… En fin, del mal el menos… SI la copia funcionaba, solo me quedaban dos o tres programas que instalar (los que en noviembre aún no usaba, vamos). A probar…

Eran las 7 de la mañana del sábado cuando conseguí terminar de pasar la copia de seguridad al disco duro del PC… Todo iba bastante bien, aunque el disco tenía algunos errores y Windows me pedía pasarle el chkdsk para arreglarlos. Lo dejé para el día siguiente (bueno, para unas horas después, mejor dicho)…

Sábado, 3 de la tarde: tras pasarle el chkdsk, el disco duro supuestamente arreglado casca de nuevo, ni siquiera es capaz de arrancar el Vista… vuelta a empezar. Para esta ocasión decido probar con lo que sé que nunca falla, la partición de seguridad que me venía de fábrica. Restauro el PC a su estado de fábrica (al de cuando lo compré hace más de dos años, claro), y todo va bien. Eso sí, si tengo que instalar todo lo que había instalado en estos años, me espera un duro trabajo… Además, en algún caso, como con el antivirus (que tengo registrado y pagado) podría tener problemas para volverlo a tener funcionando, ya que por ahorrar lo había instalado desde internet y no tenía copia del instalador…

Decido volver a intentarlo con la copia de seguridad de noviembre… Esta vez consigo, a eso de las 7 y media de la mañana, dejar el sistema estable, con el Vista actualizado, el antivirus operativo y también actualizado, el disco duro sin errores de chkdsk y casi todos los programas instalados como hace tres días… pero sin los virus, claro… Solo tuve un problema con el Outlook. Precisamente era en esos ficheros en donde la copia de seguridad me daba algún fallo, aunque con un poco de pericia conseguí arrancarlo a base de sustituir a pelo un par de archivos… Truquillos de veterano, que alguna vez funcionan…

Cuando restauré la copia de seguridad de los correos al Outlook y vi que iba bien, suspiré profundamente y sonreí… Crisis superada, sin pérdida de datos… Hasta la próxima…

P.D.: tengo que hacer una nueva copia de seguridad esta semana, por si acaso… aunque tenga el PC 24 horas trabajando… merece la pena…

23 mars

Primavera por fin

Desde el viernes a mediodía estamos oficialmente en primavera. Bonita estación, sobre todo si no tienes alergias ni cosas por el estilo, como es mi caso. Aquí llevamos casi dos semanas de tiempo soleado y agradable, que después de un invierno largo y frío ya nos hacía falta. No repetiré la misma metáfora sobre mi “primavera personal”, que ya se sabe eso de “lo poco agrada y lo mucho enfada”, refrán castellano que decía mi madre muy a menudo.

Los planes de reencuentro de fin de semana siguen sufriendo retrasos logísticos de lo más variado. Madrid-Orense es un viaje complicado cuando el trabajo no te deja ni un día libre y encima no tienes un duro (o euro). Alterando otro conocido refrán, “el hombre propone y la diosa griega de la belleza dispone”. Ella dice disponer de ¡dos días! por Semana Santa (vamos, unas vacaciones como para volverse loco de alegría… o algo…). Si no me invento algún otro plan descabellado hasta entonces (cosa no descartable, por supuesto), sería entonces cuando nos veríamos… Eso sí, lo de que su mayor ilusión sea ir a Lalín a comer un cocido no deja de tener su gracia… O eso o es que está pasando hambre en la capital…

El sábado fue el primer concierto de la primavera: Fran Nixon en Ourense, en el conocido Café&Pop Torgal. No había vuelto a dicha ciudad desde el malhadado verano de 2007, e igualmente nunca había visto a Fran y a Richi tocando y sin nadie (o sea, Ella) a mi lado. Cuando escuchas “33”, “Adoro a las pijas…”, “El cumpleaños de Ronaldo” o “Alumno o profesor”, los recuerdos son inevitables: Castellón, Tarragona, Logroño, Tarrasa, Vilanova, Vigo, Coruña… cuántas noches juntos detrás de La Costa Brava y de Fran Nixon. Por eso habría sido tan bonito que Ella hubiera podido librarse de su esclavitud aunque fuera por una noche, pero la diosa griega de la belleza es así de cabrona…

Fran y Richi se portaron muy bien: menos mal, porque no quedaban entradas… pero bueno, resultó que yo era “el amigo” al que tenían reservada una invitación. Además Fran me regaló “El perro es mío”, el nuevo disco que aún no está a la venta, y que tiene 3 o 4 hits instantáneos: “Erasmus borrachas” e “Inditex” ya son clásicos que añadir al repertorio nixoniano desde ya… Y el concierto, cómo no, una delicia: un montón de temas costabravistas y nixonianos, Fran y Richi que disfrutan y hacen disfrutar y una sonrisa casi permanente en mi cara desde el principio al final… a pesar de los designios “divinos” que ponen trabas a lo inevitable…

El “boss” del local, David, me trató fenomenalmente. Me contó que por fin mi amigo barcelonés va a tocar allí a finales de mayo, qué gran noticia poder tener a mi amigo por esas tierras. Por mi parte, me retiré a las 12 escasas: aunque podría haber acompañado a mis amigos por la noche orensana, la verdad es que tampoco me apetecía mucho. A las 2 estaba de vuelta en casa sin mayor novedad.

El domingo fue ya más “normal”: partido de rivalidad parroquial en Recesende, con derrota humillante para los “pata negra” de aquí (para mí, no tanto): 4-1, los de Recesende no se lo creían… Después me fui con Carlos a cenar al punjabí de Fernando III el Santo: esta vez pedí el pollo tikka massala, que acompañando al arroz basmati con hierbas está realmente bueno. No es el tipo de comida que querría todos los días, pero de vez en cuando está bien probar sabores distintos a los habituales. Además, el sitio es muy tranquilo y agradable… Solo estábamos nosotros y una pareja que llegó más tarde y que, por la forma en que se sobeteaban, dudo mucho que fueran capaces de llegar a los postres (además, con la ayuda del picante). Sea como fuere, ahí queda mi recomendación para una cena compostelana por el Ensanche…

En fin, que para dar por comenzada la primavera tampoco está mal… Seguiremos desafiando a ciertos dioses (o diosas), cual Ícaro moderno… Por cierto: ¿Voluntarios para iniciar un boicot a todas las tiendas que llevan el nombre de la belleza griega de marras? A ver si entre todos conseguimos hundirla…

P.D.: acabo de ver que la página web de la sucursal española de la diosa griega de la belleza está caída… a ver si el boicot ya está empezando a funcionar… bueno, yo no he sido, que conste… pero me alegro… solo es el principio…

12 mars

El día en que conocí a Murakami

Después de tantas comeduras de coco meses atrás con las novelas de Murakami, de descubrir tantos paralelismos entre las vidas de sus personajes y la mía, esta tarde/noche estaba claro que tenía una cita ineludible en el casco viejo de Santiago: Haruki Murakami presentando su libro/autobiografía y dándome la posibilidad de saludarlo y expresarle (o intentarlo) en unos segundos todo lo que especialmente la Crónica del Pájaro-que-Da-Cuerda-al-Mundo significó para mí. Dicho y hecho…

Tooru & Haruki

Por cierto: después de muchos meses sin que nadie me lo dijera, esta noche alguien me dijo “te quiero”… vaya día…

7 mars

Un año más (memorias de basket)

Y llegó el 7 de marzo, como cada año por estas fechas… Ahora mismo (tres de la mañana) estoy “celebrándolo” en mi “habitación del ordenador”, escribiendo una entrada en el blog (eso parece evidente) y escuchando de fondo el She de Carrots en su myspace. Suena muy extraño decir que tengo ya 39 años… No los aparento, ya lo sé…

Cuando era un jovenzuelo adolescente, allá por los “alegres” años 80, solía tener un juego/obsesión, entre otros muchos, consistente en “obligarme” a encestar de forma consecutiva tantas canastas como edad tenía. Todo el proceso se desarrollaba en mi habitación “de juegos”, reduciendo todos los objetos a una escala adecuada. El “balón” consistía en una pelota de espuma que no hiciera demasiado ruido al botarla (las paredes y piso de aquel edificio eran realmente finas, se oía todo… y cuando digo todo, era TODO). La canasta de mi improvisada cancha de baloncesto estaba colocada en mi habitación encima de la barra de las cortinas. El tablero era de cartón, y el aro era una especie de obra de artesanía que había fabricado mi amigo Pedrido: un alambre grueso redondeado y “forrado” con alambre fino de color amarillo, en el que había dejado unos ganchitos para enganchar la red. Todo un trabajo, sin duda. El caso es que hasta que no conseguía encestar desde el fondo de la habitación el número de tiros correspondiente tenía “prohibido” abandonar la habitación. Por eso me ha venido a la memoria aquel recuerdo: hacer una serie de 16 o 18 tiros seguidos tenía su mérito, pero si tuviera que meter ahora ¡¡¡39 tiros seguidos!!! me parece que me iba a pasar días sin salir de la habitación… Supongo que es una forma bastante visual de hacerme a la idea de lo mayor que soy…

La canasta “artesana” colgada en la barra de las cortinas tenía un problema: como es lógico, debajo de la canasta estaba la ventana. Una vez, en uno de los interminables uno contra uno con el bueno de Pedrido, le forcé una falta en ataque (sí, nos lo tomábamos en serio de verdad) y acabé estampado de espaldas contra la ventana… como éramos “niños buenos”, mis padres se tragaron aquello de que el cristal había estallado “por la presión”… Se lo creyeron de verdad, sí… Después de aquello, tomó forma la idea de cambiar de lugar la canasta, y el lugar ideal era encima de la puerta. Aquello tenía una gran ventaja: podías entrar a canasta, soltar la pelota y salirte por el hueco de la puerta sin miedo a estrellarte contra la ventana, como antes… Además parecía que eso de tener una canasta en miniatura en la habitación era algo que se le había ocurrido a más gente, porque se comenzaron a vender en las tiendas y todo, con el boom del baloncesto y sobre todo de la NBA (finales de los 80, los de mi edad lo recordaréis). En aquellos tiempos en mi habitación hubo de todo: concursos de mates, alley-oops, canastas imposibles, veintiunos a cara de perro, tapones a la altura del techo, etc. Aquellos veintiunos eran muy igualados, cada uno con sus armas: yo era el especialista en tiro exterior y pillerías varias (en plan Larry Bird, por seguir con la época), y mi rival Pedrido usaba más la fuerza y el salto (era fan de Shaquille O’Neal, con eso está todo dicho)… Aunque recuerdo una vez en que lo cacé en todo lo alto: me pasé varias jugadas pensando “a la próxima, voy a saltar y te vas a enterar”. Así que en un reverso suyo, en vez de quedarme como siempre con las manos arriba y quieto para no hacer falta, pegué un salto insospechado en mí y le calcé un tapón tremendo mientras con los dedos tocaba el alto techo de la habitación (2,65 metros). Sí, creedme, en aquellos tiempos yo podía correr, saltar y de todo… Supongo que el solo hecho de recordar algo tan tonto casi veinte años después ya significa algo…

Los años fueron pasando y mis rodillas poniendo límites, pero siempre mantuve la canasta encima del hueco de la puerta, hasta el día que nos fuimos del piso (hace ya seis años, cómo pasa el tiempo). Al trasladarnos a la casa de Cacheiras, una de las primeras cosas que compré fue… efectivamente, una canastita en miniatura. Aquí detrás la tengo, pegada en una columna para poder echar unos tiros siempre que me apetezca. Bueno, en realidad ya es la segunda: la primera me la cargué haciendo un mate un par de años atrás… De vez en cuando me sigo haciendo unas series de 50 tiros “a distancia” (mi record en la casa “nueva” es 46 de 50), y me sigue divirtiendo casi tanto como cuando era aquel chavalillo ochentero…

He empezado hablando de mi cumpleaños y he acabado contando mis batallitas “baloncestísticas”. Dejándome llevar por la “inspiración” (ejem). Esto es lo que más me gusta de escribir en el blog…

Me he pasado más de cuarenta minutos escribiendo… Las cuatro menos cuarto, debería irme a dormir, creo yo…

4 mars

Marzo (como cada doce meses)

Marzo es un mes bonito para mí: el invierno se termina y comienza la primavera; el último domingo cambia la hora y las tardes son una hora más largas; los días se hacen más largos que las noches; algunas veces los dioses se alían para ofrecernos alguna tarde de esas de más de veinte grados para tomar el sol en alguna playa; en tales días por fin puede uno salir de casa con manga corta; en fin, que marzo es una de las épocas del año que más me gustan (junto con mayo, agosto y septiembre; junio y julio algo menos… tengo motivos razonables, no es ningún capricho tonto).

Comencé el mes levantándome a las 7 de la mañana… me tocó de suplente del primer vocal de la mesa electoral de Cacheiras. Hice acto de presencia, comprobé que el titular había asistido y me volví a casa y a cama. Los planes viajeros quedaron aparcados debido a esta obligación ciudadana (y a que mi amigo barcelonés al final no se fue a tocar al centro, claro), así que, raudo y veloz, me inventé otro plan loco para el próximo fin de semana: concierto, cumpleaños y celebraciones varias. Como estas cosas no se pueden hacer en solitario, todavía no sé si al final esos planes tan audaces serán llevados a cabo…

Estos últimos días he podido superar en alguna medida mi total obsesión con el discazo de Klaus&Kinski, sobre el que escribí hace unas semanas. Como siempre, ha sido gracias a una nueva obsesión musical: en esta ocasión, el enorme disco de los catalanes Élena, que llevaban callados varios años desde aquel “Present” de 2002-2003 (y aquella fantástica canción, “La Ceguesa”). Tras la marcha de uno de los Raüles (Raül Refree) han vuelto a lo grande: han cambiado el inglés por el catalán (mucho mejor) y me tienen alucinado, más con cada nueva escucha. Qué canciones tan bonitas, qué letras tan hermosas en su sencillez y qué voz la de Helena Miquel (sí, las Flores Azules de Facto Delafé, en realidad esa era su banda “b”). El disco completo está en su myspace, letras incluidas. Los recuerdos de la época en Barcelona son inevitables, tantas palabras que no había vuelto a escuchar en tanto tiempo. Aquellas “migdiadas” que duraban 3 y 4 horas, cuando salíamos a “fer el sopar”, cuando en medio de una discusión Ella decía, toda seria, “prou!”, las “abraçadas” y los “petons”, su “cor”, su “cos”, sus “t’estimo”, en fin, muchos recuerdos buenos. Porque a veces se me olvida que éramos más felices que nadie en aquellos tiempos, y es algo que tengo que procurar recordar.

Hasta el más largo invierno acaba por terminarse. Marzo vuelve cada doce meses, todo es cíclico…