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26 mai Una vez más ChristinaPor si alguien aterriza por casualidad en esta especie de diario personal y no conoce mis gustos y debilidades, conviene recordar que el mismo título de mi diario no es más que la primera estrofa de una de las canciones más bonitas de Christina Rosenvinge, “La distancia adecuada”. Ya he escrito más veces sobre la señorita Rosenvinge, y los que me conocéis ya sabéis de mi grado de admiración por dicha señorita, así que casi mejor no me voy a repetir (más de lo que ya lo suelo hacer). En fin, que este sábado me fui hasta Ferrol para verla nuevamente en acción, además en un bonito lugar como el Teatro Jofre. Y a riesgo de dejarme llevar por la cercanía temporal, creo que ha sido el mejor de los conciertos que le he visto (que ya son unos pocos). La banda funciona como un reloj (Charlie Bautista es un genio), Christina domina el escenario como quiere, hace bromas que huyen de los típicos tópicos (nada de “qué buen público”, “qué bien nos sentimos en Galicia” y similares), le da la intensidad y el grado de “actuación” adecuado a cada tema y, en resumen, creo que tiene, con bastante diferencia, el mejor directo que se puede ver en España. He dicho… El concierto fue de los “relajados”: sentadito en mi fila 1 (que era la tercera), centrado, y disfrutando del gran espectáculo. El teatro lleno y el público casi tan contento como yo. Todo perfecto. Después me quedé un rato a ejercer de fan, y me hice la foto de rigor con la señorita Rosenvinge, siempre tan profesional con estas cosas. A medianoche estaba de vuelta en casa, justo un par de minutos después de que mi padre se fuese a dormir.
El domingo no tuvo gran cosa: salí con Carlos a dar una vuelta por los alrededores de la Catedral (muchos turistas ya por Santiago), hicimos una especie de merienda-cena tranquila y agradable en un turco del Franco y nos tomamos unos buenos helados en el Casino. Buena charla y buena compañía. Y buenos consejos, por supuesto. El lunes me lo pasé preparando un supermapa de Santiago para llevar en el TomTom, a base de las imágenes del Google Earth. A ver si mañana lo puedo probar. Y ya después de medianoche, lo habitual: sentado delante del PC, con la tele puesta en La Sexta y riéndome a ratos con las ocurrencias del genial Berto Romero, el “sobrino” de Buenafuente. Como era lunes, después “tocaba” la serie de los lunes (evidente), “Cómo conocí a vuestra madre”. Por cierto, si alguien llegó a ver el final del segundo capítulo que pusieron, bien podría copiar la idea y ayudarme en mis historias amorosas… Si el egoísta de Barney lo hizo, con mucho más motivo alguno de mis buenos amigos… digo yo… Parafraseando a los grandes de Liverpool, “… I get by with a little help from my friends…” Para el miércoles vendrá el calorcito… y yo me “estrenaré” en la playa… este verano me he propuesto nadar y hacer ejercicio como en los buenos tiempos… y lo pienso cumplir… 20 mai Intentos de persuasión (una vez más)¿Qué hacer cuando te das cuenta de que tu trabajo es una mierda, de que tu vida está estancada, de que convives con alguien incapaz de ayudarte, de que se te caen las lágrimas de pura tristeza, de que te sientes a punto de estallar? Opción 1: hacer como si no pasara nada, engañar a todos (empezando por ti mismo) y desear que llegue la noche para dormir, esperando que al día siguiente los problemas hayan desaparecido por sí solos. Opción 2: enfrentarse a la realidad, luchar y vencer (o al menos intentarlo), apoyarse en quien sabes que te va a ayudar y hacerte mejor, tomar decisiones. Sí, yo también le aconsejo que tome la segunda opción, le doy argumentos tan consistentes que incluso Ella acaba por reconocer que tengo toda la razón, pero… pero no hay manera de que se atreva… mientras tanto, continúa su huida hacia adelante… ¿Hasta cuándo? Quién sabe… La charla/monólogo duró en esta ocasión otras dos horas de teléfono (y los de Movistar aplaudiendo con las orejas). Como llevaba puesto el manos libres del TomTom, al cabo de un rato me sorprendí a mí mismo mirando fijamente a la pantalla del cacharro como si fuera su cara (la de Ella). Al final me cansé de hablar tanto, tan rápido y tan bien y me despedí hasta otro día. Sus explicaciones son cada vez más tristes. Su vida es cada vez más triste. Todo es cada vez más triste… Cada vez que hacemos estas charlas/monólogos, acabo recordando esta canción: “Avís per a navegants” (Manel, 2008)
(por cierto, esta es una de las pocas canciones, por no decir la única, que soy capaz de cantar –y de silbar entre estrofas- acompañándome de mi guitarra de plástico, todo a la vez) 17 mai Mediados de mayo (frío y lluvia)Poco que contar en los últimos días. Antes de nada, saludar a mi prima Isabel (bueno, creo que eres tú, porque Isabel, de Bilbao y prima solo puedes ser tú…). Ya ves en qué pierde el tiempo tu primo Ricardo, escribiendo tonterías en internet… Tu mensaje no traía una dirección de correo, así que no te he podido responder; lo hago aquí, espero que lo leas. A ver si nos vemos la próxima vez que vengas por Cacheiras City… Por lo demás, poco que añadir desde mi última entrada. Ella sigue en sus trece, queriendo ayuda (y más aún, necesitándola urgentemente) pero sin ofrecer nada a cambio. Los miedos la atenazan, como siempre. Nada nuevo bajo el sol… Ya hace dos semanas que todo quedó al descubierto, pero a Ella le sigue pareciendo poco tiempo para haber podido pensar. Mientras tanto, el reloj sigue funcionado: tic, tac, tic, tac… El mes de mayo está siendo por aquí igual de malo climatológicamente que en 2008. ¿Metáfora de la vida? En cierto modo, puede decirse que sí. Días oscuros, lluviosos y muy fríos para estar a mediados de mayo. En mi habitación ha habido alguna noche (la pasada, sin ir más lejos) en que la calefacción se hubiera encendido, de no ser porque ya la tengo desconectada desde mediados de abril. Y con este tiempo la verdad es que no dan ganas de hacer nada. Durante la semana aún salí a dar una vuelta en el coche, pero este sábado lo he perdido (o “echado a perros”, como decía mi madre) viendo el partido de tenis de Nadal contra Djokovic: cuatro horas, nada menos. Mi padre, fan acérrimo del mallorquín, ha tenido que salir con los perros a la tardía hora de las 8 y media, pero ha acabado disfrutando con el bueno de Rafa… Justo con el final del partido de marras ha llegado Carlos, y nos hemos ido a cenar a Santiago, a La Tagliatella (aunque Carlos ya había merendado, pero en fin, espero que no le haga daño comer tanto…). No había vuelto a ir a ese lugar desde el otoño de 2007, con Ella. La conversación, cómo no, giró en torno al monotema. Para eso están los amigos (los buenos, claro): para darles la lata, pedirles consejo o, simplemente, para desahogarte de tus penas. Una cosa está clara: el “diagnóstico” de mi amigo es exactamente igual al mío. Es algo que en cierto modo me reconforta, ya que alguna vez he pensado si soy yo quien me dejo llevar por la subjetividad y creo ver lo que no es, pero parece que no es así. En lo único que diferimos es en qué debería de hacer yo: desde fuera, la lógica indica que apartarme y olvidar, pero desde dentro es muy duro hacer eso sabiendo que Ella me necesita tanto y que está tan mal. Claro que si Ella no quiere, poco más puedo hacer yo… Descubrimiento debido a una charla con Guillermo el pasado lunes: vuelos Santiago-Madrid y viceversa por 3 euros… los “locos” de Ryanair, ya se sabe… no, no me he comido ningún cero, no… ¡3 euros! Hasta Ella los podría pagar… ahora falta que Ella se atreva, que la dejen, que… eso, puntos suspensivos… 9 mai UfffLa sensación de haber vivido esta situación antes es muy grande. Eso sí, de haberla vivido desde el otro lado. Y la verdad es que esto no me gustó cuando lo viví hace año y medio desde una banda, y tampoco me gusta demasiado ahora que me parece vivirlo desde la otra. Ella es la que está en el centro, y se arrima a una banda o a la otra según el momento. Cuando parece que se ha decidido a cruzar a mi lado, de repente se echa para atrás y vuelve a la posición original. Al menos en este primer intento es lo que ha hecho… Pero lo que importa es que ha hecho ese primer intento… Lo mismo que hace casi dos años, pero al revés. Yo también me veía entonces muy seguro de que no habría más intentos de irse al otro lado (como ahora se autoengaña el macho alfa), y después pasó lo que pasó. La historia es cíclica, o eso se dice, y hay procesos que una vez que comienzan son imparables. Yo lo sé muy bien. Han sido demasiadas cosas juntas desde el pasado viernes por la mañana. Su llegada a la desesperada, su felicidad al estar conmigo de nuevo, su vértigo al volverse al centro, su derrumbamiento en la noche madrileña, su petición de ayuda, su miedo en el hospital y, por ahora, su incapacidad de dar un paso adelante. Me pide algo más de tiempo. A mí me sobra el tiempo, pero lo que no está tan claro es que Ella lo tenga. Cuando le he dicho “tú también estás viendo que la historia con el otro se derrumba” me ha dicho que sí, que Ella también lo ve. Pero que todavía no, que espere un poco más, que si no se arreglan las cosas tendrá que tomar decisiones… El dejà vu, nuevamente: estoy seguro de que es casi lo mismo que le decía al otro hace año y medio. Porque conmigo estuvo así varios meses también, meses de agonía que no condujeron a nada. Pero lo dicho, no me gustaba esta situación desde una orilla y tampoco me gusta desde la otra. Es un proceso que desgasta enormemente a todos los implicados, y yo ya tengo ganas de cosas más sencillas y claras, de no tener que verme envuelto en peleas de gallitos con gente tan infantil que no entiende nunca nada, y en gastar horas y horas de explicaciones y razonamientos imposibles de rebatir pero que no consiguen convencer a la interesada. A lo mejor la solución la vi el pasado martes con aquella charla de varias horas y miradas francas a los ojos. Por lo menos, durante ese rato me sentí muy bien, extraña y sorprendentemente bien. O quizás todo fue fruto de mi imaginación, no lo sé… Me apetece volver a Madrid con cualquier excusa… pero no estoy seguro de con quién me apetecería estar en Madrid… es algo extraño… no me había pasado hasta ahora… Pues eso: ufff 7 mai Dos días dignos de un manicomio (y van…)Lunes, 11 de la mañana. Me levanto, hago la maleta y me activo en cosa de una hora. Viaje hacia el centro, allá donde se concentran todas las miserias y penas de los últimos años. El viaje en sí no tuvo gran historia, y a eso de las cinco y media de la tarde llegué a la entrada del Teatro Maravillas y tuve la suerte de encontrar una plaza de aparcamiento libre a escasos 15 metros de la entrada. Buen inicio… Me colé sin mayores problemas en el interior del teatro y me senté a ver los preparativos habituales del concierto. A Mikel le daba calambres el micro y Pedro (aka el amigo donostiarra) iba a llegar a última hora justo para el concierto. La aventura de Ella con el manager del día anterior había traído cola, demostrándose una vez más que hay gente que parece atraer los líos a su paso (incluso los involuntarios). Dispersión general hasta la hora del concierto (ocho y media más o menos, con la telonera de lujo, Coralie Clement), así que era buen momento para ingerir algún alimento que añadir a los dos yogures que había tomado en el ya lejano desayuno. Entré en una cafetería de la Glorieta de Bilbao, me tomé unos churros y (oh, sorpresa) un café con leche, y salí dispuesto a iniciar mi plan paralelo a los conciertos. Línea 4 del Metro madrileño (sí, la misma que yo tomaba hace casi 30 años –glups- desde Arturo Soria, la casa de mis abuelos). Bilbao-San Bernardo-Argüelles. En la salida de Guzmán el Bueno de esta última estación, el conocidísimo Sephora Aguilera (se supone que debería de decir algo sobre “el templo del glamour”, pero ahora mismo no se me ocurre ninguna broma suficientemente irónica). Ella me había dicho que terminaba a las 7, así que era buena idea la de pasar a recogerla. Ella me recibió toda contenta, y mientras terminaba de hacer no sé qué cosa (seguro que era algo importantísimo), me quedé sentado en la silla de maquillajes. Sonaba una música que parecía la banda sonora de nuestra historia (ventajas de ser la “jefa”: puede escoger la música que suena). Tras varias de “nuestras” canciones, de remate comenzó a sonar nada menos que Negra Sombra (la versión de Luz): es decir, la canción “de mi madre”, la que a mi madre siempre hacía llorar, historia que a Ella también la hacía siempre llorar… En fin, escuchar esa canción en medio de una tienda de Madrid no era lo que me esperaba. No supe si enfadarme o alegrarme, la verdad… Ella se puso toda guapa (como siempre, me hizo esperar un buen rato), y nos metimos en el Metro para llegar al Maravillas con la función ya comenzada (también lo habitual, con Ella de por miedo). En el trayecto entre la boca del Metro y el teatro hubo una buena pelea: Ella se quedó parada “amenazando” con no ir al concierto, yo seguí andando “amenazando” con que me importaba un bledo, y finalmente acabamos abrazándonos y besándonos antes de entrar en el teatro. También algo habitual… En la entrada estaban nada menos que los Amarales, también invitados, charlando con el manager. Ella mostró su típica carita de asombro (boquita abierta, mofletes colorados y ojazos abiertos de par en par), mientras yo saludaba al manager diciéndole que Ella se había quedado sin palabras al ver a su “ídola”, de manera que Eva se giró sonriente, Ella se puso más colorada aún y yo volví a hacer la jugada habitual que nunca falla (ni fallará) con Ella. Cogimos nuestras invitaciones y entramos a tiempo de ver un rato la (buena) actuación de la francesa. Empezamos a hacer bromas a base de escribir tonterías en un papel, cual colegiales en la escuela. Todo muy divertido… El concierto estuvo muy bien, cómo no. Pero en realidad no lo llegué a disfrutar, más interesado en mirar a mi acompañante (y Ella a mí) y en tontear con guiños, juegos de manos, besitos y carantoñas varias. Hora y media después se encendieron las luces, saludamos a Juan y su chica (buenavideros del concierto de Burjassot, en junio de 2006) y, sobre todo (al menos yo) al afortunado poseedor de la entrada del asiento 1 de la fila 1, mi gran amigo madrileño. Bajamos a saludar a los artistas y salimos a tomar algo Ella, mi amigo y yo. Como mi amigo lo sabe todo (o casi) y como yo estaba un poco tocado por la emoción de la situación, la verdad es que he de agradecer de nuevo (públicamente… o todo lo que permite la “enorme” difusión de este blog mío) las palabras de mi amigo, esas que me emocionaron tanto y que voy a recordar toda mi vida. Hay que ser muy generoso para decir lo que le dijiste a Ella, de verdad. La charla dentro del coche, ya los dos solos, se extendió hasta las 4 de la mañana nada menos. Todo está más que claro: el macho alfa es basura, Ella lo sabe, me lo dice, pero… Un incomprensible “pero” que la tiene atenazada, que rompe cualquier posibilidad de salida del agujero y que la tiene al borde del abismo. Lo tiene todo, o al menos todo lo que se encargó de buscar (trabajo deseado y macho alfa, todo lejos de miradas de Cataluña o Galicia). Entonces: ¿por qué es tan infeliz? Está claro que algo falla en esa ecuación. Y solo hay dos variables: el trabajo no creo que sea el culpable (Ella sería sephoriana hasta gratis, creo yo), así que la cosa es clara. Lástima de esa especie de síndrome de Estocolmo que impide la catarsis que Ella tanto necesita en su vida. Sorprendente y larga despedida frente al portal de su casa y vuelta a mis propios problemas inmediatos: a las 4 y media de la mañana estaba en Madrid sin tener una cama donde dormir. Y comenzó la peregrinación. Hora y pico de hotel en hotel, con la misma respuesta: “Está todo lleno”. Ya medio a la desesperada aterricé en el NH Zurbano, donde por fin encontré un lugar donde poderme tumbar a descansar unas horas. El precio no me importaba mucho a esas alturas de la madrugada… Martes, 10 de la mañana. Me despierto y empiezo a pensar en todo lo ocurrido unas horas antes. Decido llamarla, pensando que estará trabajando y así le podré hablar en el buzón de voz. En realidad, no quiero contestación, solo decirle una cosa. Pero me encuentro con una sorpresa (otra más)… La noche anterior Ella se había quejado de que le dolía el tobillo izquierdo un poco. Era verdad que parecía un poquito inflamado, algo que conozco bien como experto “obligado” en temas de estos. Pero al quererse levantar por la mañana, el pie estaba peor y Ella se había quedado en casa sola. No se veía en condiciones de ir al trabajo tampoco, y entonces recibió mi llamada. Al final resultó que, en vez de lamentarme yo, acabé como asistente personal de la señorita durante las siguientes 7 horas: la recogí, la llevé al Hospital de La Princesa, pasamos los distintos filtros de Urgencias, fuimos a Traumatología, nos mandaron a Radiología, volvimos a Trauma, nos dijeron que no se veía nada, nos enviaron otra vez a Medicina General, esperamos, entró, salió, seguimos esperando, le sacaron sangre y nos dieron una hora y media “libre” para salir a tomar algo. Cruzamos la calle los dos cojitos (una imagen curiosa de ver, seguro) y tomamos unas enormes tapas en la Taberna Taurina de Francisco Silvela. Un agua y un café en una terraza y vuelta al hospital. Diagnóstico extraño pero poco preocupante, con el macho alfa más preocupado por mi presencia cuidando de su propiedad que por el estado de su tobillo. Los hay canallas, efectivamente… A las 7 y cuarto nos volvimos a despedir en la calle Canillas. Las increíbles cosas que nos ocurren, y que para cualquiera serían algo más que simples coincidencias, no acaban de hacerla reaccionar. La canción de siempre. Volví al hotel a cambiarme al menos la camiseta (manchada de la madrugada anterior y de las tapas “taurinas”), y mientras tanto recibí una llamada del macho alfa: Ella había agotado la batería de su móvil y usó el mío para llamarle, así que el tío llamó a ese número desconocido. Le contesté civilizadamente (trabajo me costó), pero el fulano, al reconocerme, cortó de muy malas maneras, sin siquiera decir un “gracias por cuidarla” de cortesía. En fin, el hombre siempre se encarga de señalar su gran personalidad y bonhomía… Me fui al teatro a disfrutar yo solo el segundo concierto. A ratos me vencía el sueño (había dormido cuatro horas escasas) pero no por culpa de los chicos, que lo hicieron muy bien de nuevo. No pude hablar con el gran Supervago (es lo que tiene no conocernos en persona ni saber nuestros aspectos), y me quedé fuera esperando tranquilamente al fresco, lo mismo que una chica donostiarra que quería saludarles y que unas horas más tarde iba a convertirse en protagonista de la historia. Nos fuimos todo el grupo (músicos, conocidos y allegados) hasta el cercano bar del Puerto, donde entre pinchos de tortilla y cervecitas pasaron las siguientes dos o tres horas. Conversaciones muy variadas y animadas hasta que se decidió cruzar la calle y tomar algo más en la al parecer mítica Vía Láctea. Como quien no quiere la cosa, de casualidad nos quedamos al lado de la barra la simpática donostiarra y yo. A partir de ahí, dos horas largas de charla, desde los estudios hasta las minusvalías, pasando por los sentimientos más profundos y los más mundanos. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto conversando con alguien, mirándola fijamente a los ojos mientras me explicaba su interesantísima vida y soltando yo sin pudor alguno mis más típicas historietas. Supongo que era algo parecido a “ligar”, pero tampoco lo sé. Solo sé que fue muy agradable poder pasar un buen rato charlando con alguien así, con tanta sinceridad y confianza como si nos conociéramos de toda la vida. La conversación finalizó hacia las cuatro de la mañana en plena calle, al lado de mi coche, y debo de ser sincero al reconocer que me hubiera encantado no tener que haberme despedido. Muchas gracias por hacerme sentir tan bien, simpática donostiarra (eso por no mencionar nada sobre increíbles coincidencias de apellidos en las que ayer no había caído). Te espero en tu visita a Coruña, seguro… Me derrumbé en la cama de mi habitación hacia las 4 y media de la mañana, dormí con la ventana un poco abierta y solo me desperté hacia las 11 de la mañana. Decidí llamarla (a Ella) antes de irme de la ciudad, pero estaba trabajando y no podíamos hablar mucho. Le volví a reiterar mi oferta, mi gran preocupación por su salud, mi aún mayor preocupación por el canalla con quien vive y la necesidad que tiene de cambiarlo todo para salir de ese agujero en que se está metiendo. Ella no quiere, no puede o no es atreve a hacerlo… Siempre lo mismo, pero con la diferencia de que cada vez el abismo está más cerca, y hasta Ella misma lo sabe… No, cariño mío, si haces como si no pasa nada y cierras los ojos, la realidad va a seguir siendo la misma, los problemas no se van a arreglar solos. Viaje tranquilo a casa. A las 4 menos cuarto Ella me llamó, mientras yo había parado un rato a echar una cabezadita. Se cortó al momento (esa batería del móvil no da para más) y ya no volví a recibir más llamadas. Llegué a casa a las 7 de la tarde, con mi padre y la fiel Tula recibiéndome todos contentos, y subí al ordenador. Me encontré a la amiga castellonense que es amiga de amigo donostiarra y tuvimos otro buen rato de charla de lo más interesante. Quiero más charlas de estas, aviso… más y más largas… Bueno, que son más de las 3 de la mañana… Me voy a dormir, que me lo he ganado… en mi cama de 2x2, como la de alguien que yo me sé… Hoy me he centrado en la descripción, mañana en los sentimientos… O algo por el estilo… 4 mai Un año después (crónica del esperpento surrealista)Viernes, 1 de mayo, 11 de la mañana. Mensaje en el móvil: “al final no puedo ir, qué pena, etc…”. Mi respuesta: “¿Cuál es la excusa esta vez?”. “No hay excusa, solo que no puedo ir, me da mucha pena”. Decido llamar; no me contesta. Pasan unos minutos y llama Ella. No acierta a explicarse, mi decepción (nuevamente) queda patente y, de repente, se oye un ruido, Ella emite un nervioso “¿eehhh?” y se corta la comunicación. Llamo yo: Ella muy nerviosa y yo que empiezo a entenderlo todo (siempre lo había entendido, pero mantenía una pequeña esperanza en que Ella dijera la verdad). Mientras yo voy descubriendo desde 600 km de distancia la realidad tantos meses escondida (no porque Ella me la diga, sino porque yo la voy “adivinando”), de repente suena un grito apremiante de macho alfa enfurecido: “¡Cuelga ya!” Ella empieza a llorar, yo le digo que realmente siento una gran pena por su vida (qué manera más terrible de descubrirse todo tras siete meses de mentiras, promesas vanas y juramentos en falso), y tras unos segundos de no escuchar más que sollozos y unos casi inaudibles “esto me supera, ya no puedo más”, me despido con un apagado “me das mucha pena, de verdad”. Pasan unos cinco minutos. Ella me llama: “Ricardo, búscame horarios de trenes y autobuses, que me voy para ahí”. Surrealismo en estado puro. Me levanto y busco en el ordenador: el Talgo sale de Chamartín a las 2 y media (en realidad, era a las 2 y veinte, pero leí mal). Es ya cerca de la una de la tarde, pero si quiere hacer la maleta rápidamente quizás pueda llegar. Me llama otra vez a la una y cinco: “Hago la maleta, me arreglo y a ver si llego". Pasan los minutos. A las 2 y 19, nueva llamada: “acabo de llegar a la estación, pero sale a y veinte”. Ella baja al andén pero el tren ha partido. Más surrealismo en su nueva llamada: “Sí, me ha traído Él, es lo menos que podía hacer después del mal rato que me ha hecho pasar”. ¿? Intento ver la parte cómica de la situación, aunque sea difícil cuando llevas casi dos años metido en este pozo oscuro. “Bueno, si de verdad quieres venir, ya que estás con la maleta, vete al aeropuerto y coge un avión para Santiago”. Será caro, más de 300 euros con seguridad, pero bueno, quizás Ella ha llegado a ese momento en que milagrosamente ha decidido soltar amarras y será cuestión de ayudarla a completar la faena… “Bueno, pero es mucho dinero, ya me tendrás que pagar tú el billete”. Le digo que no se preocupe por eso, mientras mi cerebro intenta entender la situación: lo que está haciendo Ella es, para cualquier observador lógico, darle una bofetada en los morros al agresivo macho alfa (aka patético, aka actor secundario), y venirse a lo loco a verme a mí. No cabe otra lectura lógica, está claro, pero… Ella no es lógica, lo sé y lo llevo sufriendo casi dos años… No, tratándose de Ella, es posible que una vez pasado el calentón del momento vuelvan a aparecer los miedos, los vértigos y el querer esconder la cabeza debajo del ala y que los demás tomen las decisiones por Ella. En fin, sea como fuere, el avión llegará a Santiago a las 5 de la tarde, y Ella volverá un año menos dos días después de su huida. Aeropuerto de Lavacolla, 5 y diez de la tarde: llegada del vuelo procedente de Madrid. Ahí viene Ella, con su sonrisa nerviosa esperada y un abrazo de persona muy necesitada de muchas cosas (entre ellas, de una cabeza sensata a su lado que la ayude). Ni siquiera ha comido, solo ha podido tomarse un café apresurado en Barajas. Hasta que he empezado a darme verdadera cuenta de que estaba a punto de volverla a tener conmigo, yo había mantenido una actitud relativamente distanciada, pero llevo diez minutos en que hasta las piernas parecen temblarme. ¿Está ocurriendo de verdad? ¿Está ocurriendo lo que parece? ¿O al final volverá a ser lo de siempre? Lo peor es que no tengo ni idea de las respuestas a dichas preguntas… Salimos del aeropuerto. En nuestras charlas Ella me hablaba de que ahora al menos tenía “independencia”. “Sí, ya he visto esta mañana en qué consiste tu independencia: llamarme a escondidas, morirte de miedo cuando el otro te pega un grito, echarte a llorar. Sí, ya veo lo independiente que eres”. Empiezo a desmontarle una a una todas las mentiras que me había ido contando en los últimos doce meses: su huida había estado “pactada” con el macho alfa ya desde los tiempos en que ella estaba en Santiago; su juramento de octubre, según el cual Ella había dejado al macho alfa, era otra mentira más; las excusas para cancelar viajes y encuentros eran eso, excusas; y, en resumen, que Ella había intentado mantener su “vida vergonzante madrileña” escondida para mí, para así poder seguir hablando conmigo, acercándose a mí y manteniendo la (maldita) puerta entreabierta. Mi respuesta es contundente y clara: “llevas un año mintiendo en todo; yo he dejado que me mintieras sin armar broncas, esperando que tú misma salieras de esa situación; me había dado un año de plazo para ‘esperarte’, que justamente se cumple este fin de semana; ahora estás aquí, y ahora es cuando yo te ‘obligo’ a elegir: si quieres abrir la puerta de verdad (ni siquiera te pido que entres ahora, solo que la abras), aquí estoy; si quieres seguirla dejando entreabierta (es decir, manteniendo tu ‘vida vergonzante madrileña’), entonces seré yo quien tendrá que cerrarla dando un buen portazo, para siempre y sin más oportunidades”. Claro y conciso, o eso creo yo… Mil cosas van saliendo a la luz: el macho alfa, al parecer, se muere de miedo conmigo (supongo que porque verá mi sombra en todo lo que la rodea a Ella, claro); desde el principio Ella y el macho alfa “conspiraron” para conseguir sus respectivos objetivos (Ella dice “es muy egoísta”); no me cuenta más que defectos del macho alfa, mientras que yo resulto estar adornado de innumerables virtudes (las mismas palabras de siempre, más o menos). En fin, que todo es surrealista y esperpéntico, como siempre. Nos vamos a Vilagarcía, al festival de música. Comemos algo en el Lizarrán del puerto y nos vamos al recinto del festival. Le compro su bono para los dos días y recojo mi invitación, encontrándonos al manager, que aún desconoce su papel como chófer de urgencia de la madrugada siguiente. Entramos justo a tiempo de ver a los Love of Lesbian, y después paseamos y curioseamos un poco por el lugar. Ella está contenta, alegre, me mira, me sonríe, me abraza. Yo no sé cómo estoy, para ser sinceros: son demasiadas cosas para un mismo día. Hacia las dos de la mañana salimos y nos vamos a buscar una habitación para pasar la noche. En Vilagarcía es imposible, así que vamos hacia Santiago. Abrazos, besos, manos entrelazadas, miradas cómplices. La música de mi coche es mil veces mejor, Galicia es diez mil veces más bonita que Madrid y nuestras aventuras son cien mil veces mejores que su vida madrileña: más o menos eso es lo que Ella me va diciendo por el camino. En Santiago, una habitación libre en el Maycar. Yo no busco provocar nada, me comporto como todo un caballero y no me aprovecho de una situación tan fácil como tengo entre manos. Sí, una vez más, pierdo por ser demasiado bueno, si es que no tengo remedio. Ella entra en el hotel y yo me voy a casa a (intentar) dormir. Tarea casi imposible, por supuesto… Sábado, 2 de mayo, 11 de la mañana: Ella me llama, toda contenta. En una hora paso a recogerla. Dicho y hecho. El día es precioso, soleado y caluroso, y nos vamos camino de la ría de Arousa. Ella escoge el destino: Cambados. Aparcamos en la plaza de Fefiñáns y damos un paseo, cogidos de la mano, abrazados y haciéndonos arrumacos. Comemos en el Ribadomar, brindamos con el premiado vino de las uvas de mi jefe hasta por tres veces: Ella es quien brinda “por nosotros dos”. Yo brindo “por los comienzos”, y ya en los postres brindamos sin decir nada, solo mirándonos a los ojos y diciéndolo todo con dicha mirada. Ya son casi las 5 de la tarde y volvemos hasta el coche. Ella decide darle uso a la cámara de fotos: abrazados, besándonos, de perfil “mirando al futuro juntos” (eso me dice). Se ríe, me mira, me besa, me abraza, me vuelve a mirar, me coge la mano. Yo pienso que para cualquier persona del mundo todo lo que está ocurriendo tiene un único significado. No puede haber otra explicación. Pero… es Ella, esto no es lógico ni razonable. Sigo sin saber lo que está pasando de verdad. Como me expresa sus miedos a que yo me “aproveche” para publicar en este blog las fotos de los besos, las bocas, lenguas y demás, yo le estoy demostrando nuevamente que ese no es mi estilo. Me gusta mucho más esta foto… Vuelta al festival. Nuestro grupo va a tocar PARA NOSOTROS (incluyendo NUESTRA CANCIÓN). Les vemos llegar y ya no nos separamos de ellos en toda la tarde, noche y madrugada. Mi amigo donostiarra alucina cuando nos ve juntos, ahora empieza a entender el mensaje que unas horas antes le he enviado. Ella es feliz, disfruta, se ríe, habla con unos y con otros, y yo hago lo de siempre: “maniobrar” para que ella esté en el centro de todo, para que se sienta la princesita que desearía ser, para que se sienta en la cima del mundo. Como siempre, lo consigo sin mayor dificultad. Vivimos el concierto desde un lugar de privilegio detrás del escenario. Cantamos, reímos, bailamos, nos abrazamos, nos besamos y somos los de siempre, la pareja de enamorados que hacen sonreír a todos los que están a nuestro alrededor. Termina el concierto y somos dos más en la fiesta posterior. Disfrutamos del variado catering de todo tipo (Ella más que yo), y charlamos con unos y otros mientras va cayendo esta tarde veraniega y calurosa de primeros de mayo. Ella va al baño y mi amigo donostiarra aprovecha para decirme: “enhorabuena, está claro que Ella está feliz. Lo vas a conseguir, Richie”. Mi respuesta es sincera: “Se trata de Ella, yo no lo tengo tan claro”. “Que sí, hombre, seguro”. “Uf, no sé, no sé. Ojalá tengas razón”. Ella tenía que irse pronto (llevada por mí, se entiende), ya que el autobús sale de Santiago a las 9 y media. Bueno, el tren sale a las 10 y media, nos quedamos un poco más. Pero Ella no quiere irse, llama para que le cambien el turno en el trabajo y yo le digo que, ya puestos a gastar, puede tomar un vuelo a primera hora de la mañana, ya que lo está pasando tan bien. Ella dice que sí, y nos dedicamos a seguir disfrutando de la noche. De la mano del manager vamos recorriendo todo el recinto “vip”, de caseta en caseta, parando a “repostar” de vez en cuando y aprovechando momentos tan curiosos como ver unos minutos del concierto de Vetusta Morla desde detrás del escenario. Ella es feliz y parece querer decirme que no desea que se termine la noche, y yo intento esconder todas mis dudas y preocupaciones y muestro mi mejor cara. Que sea una gran noche para Ella. Si es la última o no, ya se verá. Acabamos de la mano del manager tomando algo en un local del pueblo, al lado del puerto. Como siempre, yo dejo que sea Ella la que se luzca en la conversación y me mantengo en un discreto segundo plano, limitándome a reforzar sus comentarios y a ayudar a que se sienta feliz. El manager empieza a hablar de hacer un viaje de locos a Madrid de madrugada, solo por llevarla a Ella a tiempo para que llegue al trabajo. Es algo de una generosidad asombrosa, y Ella acaba por dar el visto bueno a tan descabellado plan. Llega la hora de la despedida. Exteriores del festival, cerca de las 3 de la mañana. El manager nos deja al lado de mi coche, Ella recoge sus cosas. El manager nos dice que nos despidamos tranquilos mientras él da la vuelta. “Os doy tres minutos”, nos dice con un gesto cómplice. Nos besamos, nos abrazamos y yo rezo porque Ella, por una vez en su vida, sea “normal”. Porque esta locura de dos días signifique la única cosa que razonablemente podría significar. Ella entra en el coche del manager y se va. Yo me quedo sentado en mi coche y empiezo a llorar. La lógica diría que de felicidad… pero es que yo conozco muy bien como actúa Ella, y en realidad lloro de tristeza… Llego a casa hacia las 4 de la mañana y, tras unos minutos de bajar las fotos de la jornada en el ordenador, caigo rendido en la cama, agotado física y mentalmente. Me levanto a las 2 y media, saludo a mi padre. Él no se ha enterado de nada de lo ocurrido, y nos quedamos viendo el partido Nadal-Djokovic: otra victoria más del superman mallorquín. Me quedo dormido durante más de medio partido, para ser sincero, y me despierto justo con la imagen de Nadal con el puño cerrado al ganar el último punto. Subo a ducharme y salgo a dar una vuelta con el coche hasta la noche. Le envío un mensaje a Ella y Ella me llama cuando ya estoy de vuelta en casa, calentando una lasaña en el microondas. Mi padre vuelve de encerrar a los perros y se sienta a mi lado, así que busco una excusa para subir a mi habitación y poder hablar. Quiero respuestas: sí o no. No puede haber términos medios, tiene que haber decisiones. Ella no quiere decidir nada, alega estar cansada y me dice que mañana (por el lunes) ya nos veremos en Madrid y hablaremos tranquilamente. A mí me puede la impaciencia (sí, “solo” llevo un año esperando, soy taaaaan impaciente), pero Ella se resiste a decir si va a hacer algo o va a seguir igual después de este fin de semana en Galicia. Mi padre me llama desde abajo: ¿Qué haces? Se te va a enfriar la cena”. Estallo: siempre lo mismo, Él y Ella, los dos egoístas supremos, tirando de mí cada uno hacia su lado, hasta que acaben por romperme en dos, si no lo han hecho ya. Estoy harto de todo esto. Pero es lo mismo, Ella solo responde que está cansada y no le apetece hablar de estas cosas por teléfono… Bajo a cenar y me quedo con mi padre viendo el fútbol. Le cuento la historia (semificticia) del viaje de dos días a Madrid que empezaré mañana lunes. Se huele algo raro, no le gusta el plan pero no se atreve a decir nada. Solo suspira para hacerme sentir culpable, lo sabe hacer muy bien. Se va a la cama y yo me quedo un rato en el salón, hasta que subo a la habitación. Ella me ha enviado un mensaje más: quiere ver siempre al Richie feliz que vio estos dos días, “al que amé”, y se despide hasta mañana. Yo no dejo de pensar en el tiempo verbal que ha empleado. Puede que solo sea la rapidez del sms, puede que haya calculado muy bien lo que estaba escribiendo… en Ella son igualmente probables ambas posibilidades. Me pongo a escribir esta entrada… Termino de hacerlo, son casi las 2 y media. A las 11 me levantaré y me iré a Madrid a los dos conciertos de NUESTRO GRUPO, a verla a Ella y a saber hacia qué lado van a girar las cosas. Lo que es seguro es que no van a seguir en la dirección actual. Todo es demasiado surrealista para saber qué ocurrirá mañana. Yo me temo lo peor, pero con estos guionistas cualquier cosa es posible… 1 mai Terminando abrilY comenzando mayo… Esta tarde nos vinieron a colocar, por fin, las cortinas del salón y la cocina… sí, seis años después, no es que hayamos corrido demasiado, no… Pero bueno, la verdad es que el salón tiene otro aspecto, mucho más acogedor… Por la tarde me llamó mi amigo donostiarra: una llamada siempre recibida con alegría, por supuesto. El concierto “en casa” se acerca a pasos agigantados, y de nuevo coincidirá con el “superclásico” futbolero, lo mismo que el de diciembre en Barcelona… En mi caso, ningún problema… Y claro, saber que van a tocar “nuestra” canción me ha alegrado mucho más… Otro suceso “imposible” que se va a cumplir (uno más…). Mi padre se llevó un apurillo esta tarde, cuando salió a pasear con los perros. Resulta que Sol pilló un rastro de algún bicho grande (quizás un jabalí), Tula lo siguió, mi padre consiguió “cazar” a Toni antes de que también se escapara, y se tuvo que venir a casa a esperar que los dos “huidos” regresaran de su aventura. Al final unas vecinas pasaron y le dijeron por dónde habían visto a los dos fugitivos, y a eso de las nueve y media volvió mi padre con los dos, todos mojados y un poco apesadumbrados por haberse largado sin avisar… Mi padre respiró tranquilo y se relajó viendo a su auténtico ídolo, el sin par Rafa Nadal, del que no se pierde un partido: hoy disfrutó de un 6-0, 6-1 a un sueco de poca monta, Soderling… Aún tuve tiempo de bajar y ver juntos el siguiente partido, Verdasco contra Gasquet. La verdad es que mi padre está completamente enganchado con el tenis, casi más que con el fútbol, que es mucho decir… Y nada, que, como dije al principio, ya empieza mayo (siempre dando noticias en exclusiva…). Con buen tiempo, soleado y con calorcito, y con festival conciertero al ladito de casa… De la prometida (por enésima vez) visita nada se sabe; la visitante no ha dado señales de vida, con lo cual me imagino que será lo de siempre… Nada nuevo bajo el sol, por supuesto… Yo pienso disfrutar igualmente de los conciertos y de la visita de mis amigos… De tanto tirar de la cuerda, al final la cuerda se acaba rompiendo… Mayo de 2009 se presenta lleno de cosas nuevas e interesantes, no tengo duda… |
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